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Capítulo 10: Accidente

Los primeros fríos llegaron junto con Noviembre. Annie seguía en cama; era eso precisamente lo que todos esperaban, pero nadie dejo de lamentarlo en ningún momento. Era la paz que seguía después de la tormenta, pero una paz atormentada, fría. Las cosas parecían hacerse tan cual el destino las estaba planeando, con parsimonia, dejando un espacio entre una cosa y otra, un aviso de que nadie podía escapar. Sólo era cuestión de tiempo que alguien quedara como Annie.

Anne había visto a una muchacha de cuarto leyéndole las lecciones a su prima. Anne solo la conocía de vista, cuando platicaba un poco con Annie antes de que se enfermara. Andrea también le hablaba a menudo. Anne solo quería volver ver la chispa que envolvía los ojos de su prima. Liza se dejaba los ojos en la biblioteca, junto con Paulette, intentando encontrar algo que las ayudara, pero no tenían acceso a los libros más avanzados, así que no encontraron gran cosa. Las demás, dejaban pasar el tiempo.

Pero el tiempo parecía simplemente no querer pasar. Los minutos se convertían en horas y las horas en días. Las manecillas de los relojes parecían no querer moverse. O tal vez, era solo la desesperación de Anne.

No me queda tiempo para nada —se llegó a lamentar con Will—; no tengo tiempo para estudiar, aprender las lecciones, y, además, para aguantar una desgracia. Sencillamente, no doy abasto.

Lo sé —le dijo Will conciliadoramente—; lo sé.

Anne se callaba sus lágrimas, más por orgullo que por otra cosa. Nunca había llorado demasiado pero en ese momento estaba que explotaba. Era casi imposible no dejarse llevar por la desesperación y dejar que el destino hiciera su trabajo al completo. Pero no podía; sabía que presentaría la lucha hasta el final, fuese el que fuese. Y una día se llegó a preguntar que si así eran las cosas cuando solo Annie estaba enferma, ¿cómo serían cuándo alguien más cayera enfermo, herido, etcétera?

Pero entre una cosa y otra, el tiempo pasó, lento, con parsimonia, pero acabo por pasar y el cumpleaños catorce de Andrea llegó un día de esos. Veintitrés de noviembre, un día especialmente gris y oscuro, nada agradable para salir a los jardines, pero Andrea decidió que quería celebrarlo estuviera, como estuviera el panorama. Hicieron un «picnic» en el manantial, uno lleno de silencios opresivos, pero al menos festejaron. Una celebración de miradas esquivadas y falsas esperanzas.

Anne le regaló un colgante a su hermana, uno sencillo, de vidrio, pero que a Andrea le pareció hermoso.

Gracias, Anne —le dijo Andrea al descubrir lo que era—, es precioso.

Sólo es un detalle —respondió Anne con infinita modestia, esquivando la elocuente mirada de su hermana—, una baratija.

Vet —que al final se había enterado del asunto por boca de Andrea— se acercó para ver el colgante y frunció los labios.

Es bonito —dijo al final, después de examinarlo.

Anne se preguntó que mosca le habría picado a Vet. Últimamente Vet no era la misma. Y no era que las esquivaba ni que se les escondía, simplemente parecía descontenta de todo y con todos. Encontraba cosas sospechosas por todas partes y se negaba a decirlas. Su estado de ánimo era tan cambiante que al final Roger, desesperado, había acudido a Anne para que le quitara las dudas de encima; claro, que Anne no había podido responder nada a la pregunta de Roger.

Paulette hablaba con Renée al oído, casi, pero en cuanto Anne volteó a verlas Paulette se calló abruptamente. «Seguramente otra asunto de maldiciones y cosas por el estilo», se dijo Anne. Así llevaban unos días, como si no quisieran que Anne se enterará de nada, pero Anne se enteraba, claro que sí. Era imposible no enterarse cuando las personas se escabullían para hablar y se callaban en cuento aparecías. Así que suponía que hablaban de maldiciones y cosas por el estilo; pero no se acercaba o no preguntaba —para no deprimirse más aun— de lo que estaban hablando. Seguía tratándolas como siempre, sin darles importancia a sus pláticas ni a nada que le resultase sospechoso.

Me encantaría mojarme un poco —dijo Andrea, mirando al agua con expresión anhelante—, lástima que el día sea tan feo. —Miraba el agua como si deseara saltar allí en cualquier momento.

Pues el agua no parece muy recomendable —dijo Anne, sonriendo forzadamente. Últimamente, todas sus sonrisas salían a empujones y completamente falsas; lo malo fue que en ese momento, Andrea lo notó.

Borra esa sonrisa —murmuró—, que te hace pareces hipócrita. Mejor quedarse seria que ser una hipócrita de primera.

Todo el mundo conocía la aversión de Andrea por la gente falsa, la gente hipócrita. Últimamente la había dado mucho a conocer. Anne no sabía porqué y tampoco le apetecía invertigar eso; Andrea era lo bastante grande como para arreglar sus problemas ella sola.

Me vámonos —dijo Andrea, con un gesto de fastidio—, que aquí no pintamos nada y hay cosas más productivas que hacer si no nos podemos mojar en el manantial.

Y se paró ágilmente, seguida de las demás, que le concedían la razón. No pronunció palabra en todo el camino de vuelta, Anne tampoco pronunció palabra, no le apetecía. Las cosas estaban ya de por sí malas, como para empeorarlas más de lo necesario.

Entonces, todo fue un sólo segundo.

No alcanzó a ver bien lo que pasó. Pero Andrea se había caido escaleras abajo. Se quedo pretrificada donde estaba, viendo a su hermana, incapaz de hacer algo. Entonces, cayó en la cuenta de lo que pasaba y corrió hacia su hermana, que había soltado un lamento de dolor.La pierna le sangtraba... Clara fue la siguiente en aparecer al lado de Andrea. Ella no tardó en actuar.

¡Hay que llevarla a la enfermería! —exclamó. Anne asintió enseguido y se encargó de levantar a Andrea por un lado. Clara la ayudó del otro. Los demás miraban preocupados lo que pasaba escaleras abajo.

Roger le había tomado la mano a Vet, que miraba con los ojos abiertos de par en par, con el miedo pintado en el color violeta tan extraño de sus ojos. No decía nada, pero aferraba la mano de Roger. Tal parecía que sabía que era lo que estaba pasando allí. Anne no dijo ni vio nada más antes de encaminarse hacia la enfermería.

La enfermera las recibió preguntando qué había pasado. Clara lo explicó, porque Anne no soltó prenda y sólo se miraba las manos, sin decir nada, nerviosa. Sabía el por qué de la mirada tan asustada de Vet. Sabía que era lo que había ocurrido en ese momento. Feenegreé. Tan sencilla explicación. Tal difícil de dar, imposible de aceptar. Y se sumió en la desesperación, teniendo esperanzas vanas, sabiendo que ya no sería Annie la única afectada por eso maldición. Su hermana estaba también afectada.

Cuando volvió a salir la enfermera no traía buena cara. Las explicaciones lko justificaron. No eran buenas noticias. De todos modos, Anne no las esperaba ya.

No se le puede curar al método mágico dijo la nerviosa enfermera—; he tenido que escayolarla, tiene la pierna rota, puesto que no hay otra forma de curarla. Al menos la sangre ha parado de salir. No hay otra solución, porque la herido no parece tener ninguna curación aparente. —Y bajó la cabeza, en señal de disculpa, pero Anne asntió. No se dijo nada más y Anne se fue de allí.

Se topó con Will a los pocos minutos, él adivinó su expresión.

Feenegreé —musitó y Anne no dijo nada más.

La miró y esa miraba valió por todo.

Te juro, Anne, que encontraré una solución ha esto. Porque tiene que haberla. Te lo juro Anne. Aunque sea lo último que haga, encontraré una solución a esta maldición —Le tomó una mano, apretándosela—. Eres una de las mejores amigas que tengo. No quiero perderte así.

Anne agradeció sus palabras, pero su humor no era el mejor.

Andrea volvió de la enfermería —escayolada y con un par de muletas— a los pocos días. Traía una cara jovial, alegre por haber salido, pero Anne se dio cuenta a leguas que sus ojos mostraban un paño de pánico. Y a las demás solo les restaba preguntarse: ¿quién iba a ser la siguiente? ¿qué le iba a pasar a la siguiente víctima? No lo sabrían, pero el pánico afloraba y el nerviosismo también. Anne nunca se había sentido tan mal en su vida hasta ese momento. La maldición pesaba sobre ella como un reloj contando el tiempo que le quedaba. No era una muy buena perspectiva.

Y se encerró un poco en sí misma, rezando porque no le ocurriera nada a nadie más. No lo lograría y sus esperanzas serían vanas. Se refugiaba en Will, ya que Liza y Paulette hablaban mucho a sus espaldas. No le importaba, porque sabía que estaban buscando una solución.

Me duele pensar que esto sea el final —murmuró ella—. Me duele pensar que no haya un más allá y tenga que rendirme.

Will la miró seriamente., tomándole una mano.

Tú no estás hecha para rendirte, Anne, y de todas maneras yo no te dejaré. Presentarás batalla. Lo sé. Confía en mí. 

Capítulo 9: Desahogo

   Anne, sin saber el por qué, eligió a Will como oyente de sus desgracias. La muchacha le tenía infinita confianza. Sabía que si intentaba hablar con Andrea, a pesar de que era su hermana, se acobardaría a la mitad; con Liza no podría soltarlo y no quería involucrar a nadie más en el asunto. Con Will se sentía más tranquila. Casi no había dormito y llevaba el cabello revuelto; además de grandes ojeras. Tenía el libro de mitos mágicos bajo el brazo.

   Localizó a Will en la mesa de Hallow, tomando el desayuno. El chico advirtió su estado en un momento.

   —¿Qué ocurre Anne? —preguntó al instante—. ¿Me responderás ésta vez?

   Anne siento como una puñalada esas palabras, pero sabía que se las merecía. No se estaba portando de la mejor manera con nadie. En el fondo, se merecía todos los reproches del mundo. Suspiró largamente, dispuesta a soltar la lengua.

   —Es una larga historia —empezó ella, cautelosamente, midiendo sus palabras.

   —Tengo mucho tiempo —replicó Will, logrando una sonrisa—. No tenía intención de aparecer por clase. Y tú —enfatizó y la señalo— tienes esta hora completamente libre. Así que no tienes excusa.

   —Vale, vale —aceptó Anne—. Toda la historia se limita a una sola palabra: Feengreé. Nada más sencillo —refunfuñó.

   —Ya me explicarás más tarde —cortó Will—. Desayjna primero; te ves tremensamende mal. Todos se darían cuenta.

   Anne asintió y se dedicó a su desayuno. Alcanzó a ver a Liza más allá, con un libro en las manos mientras Paulette, nerviosa, le respondía las preguntas que ella le hacía. Seguro que Paulette tenía prueba y estaba estudiando apenas, tremendamente nerviosa. Renée las miraba, alternando sus ojos entre una y otra. Un poco más allá divisó el cabello que, como ella misma, Andrea también traía revuelto; estaba contándole algo a Clara, que tenía una mueca de estupefacción.

   Al terminar de comer, Will y ella se dirigieron a su sala común en silencio. Anne aún llevaba el libro de mitos mágicos bajo el bazo; no era un libro demasiado lujoso, ni llamativo, pero si había sido caro. Tenía las pastas forradas de azul celeste y, grabadas en dorado, las letras del título; no tenía ni una sola imagen.

    Llegaron a la sala común en el mismo silencio con el que habían salido del comedor, cohibidos por primera vez desde que se conocían. Will le indicó que tomara asiento en uno de los rincones, donde nadie los molestara. Anne abrió el libro en la página del mito y le puso el libro enfrente. El chico empezó a leer.

   —Es este mito —dijo ella—, es realidad.

   Will siguió leyendo, casi sin prestarle atención.  Anne lo miró, evaluándolo. Permanecieron así hasta que el chico alzo la cabeza, con una mirada inquisitiva. Esperaba una explicación.

    —¿Y? —inquirió él—. Explícate —pidió.

   —Lo haré lo haré —dijo Anne mientras buscaba las mejores palabras para soltar todo. Tomó aire y prosiguió—: Es la maldición, es real. Cuando lo leí me dejo aterrorizada, y no sin razón. Fui la única, de todas nosotras, que entendió lo que la Feene quería decir. Comprendí lo letal que esa maldición es. Tengo miedo Will, por eso no conté nada antes. No quiero que nada sufra por algo que no les atañe en lo más mínimo. La maldición de la Feene encierra muchas cosas, entre ellas, la victoria definitiva de Tultonisos. Le esta dando una salida fácil. ¿Sabes que es lo que me puede matar lentamente y dejar sin fuerzas para presentar batalla?

   Will negó con la cabeza.

   —El ver como los demás mueren por mi culpa —dijo Anne—. Con los demás me refiero a le gente que quiero, que aprecio; a mis amigos, a mi familia. Esa maldición los mata, los deja sin oportunidad de defenderse, y me deja completamente sola a mí. Esa maldición es por mi causa, porque yo existo. ¡Maldita sea! —explotó, incapaz de contenerse—, ¡Annie se esta muriendo por eso!

   —¡Anne! —estalló Will, por sui parte—. ¡Di las cosas más claras!

   —Annie está enferma —contó la chica—. Enfermó de la noche a la mañana y ahora esta en coma. Tiene algo mortal, no despierta. Está postrada en cama con los ojos abiertos, pero sin reaccionar. No tenía por qué haber enfermado, Will, estaba completamente sana. Y puedo seguir Andrea, o Liza, o tú, Will. No sabes cómo me destrozaría verlos caer lentamente, sin poder hacer nada por ayudarlos. Y, a pesar de todo, sé que presentaré batalla hasta el final.

   Will la miró con una mirada de rayos X, de esas que te examinan hasta el fondo. Entonces, los brazos de William envolvieron a Anne en un torpe abrazo, pero no menos consolador. Anne no reprimió las lágrimas, las dejo salir, acompañadas de sollozos apagados. Sencillamente, no aguantaba más, estaba al borde de la desesperación. Quería mostrar todo su dolor al mundo.

   —No sabes lo que me cuesta verte así —le susurró al oído—. Siente angustia, Anne. Y es porque me importas de veras. Desde que te conocí, junto a la tumba de tu hermana. Me importas mucho.

   —Gracias Will —le respondió Anne—; no sabes cuánto me reconfortas.

   Anne se sentía liberada por dentro. No había expresado todas sus dudas aún, pero eso no impedía que se sintiera ligeramente mejor. Se sentía ligera.

   Will y ella ofrecían una extraña escena. Él la rodeaba con los brazos, en silencio, mientras ella se acurrucaba en él, derrabando lágrimas y sacando todo su dolor del corazón.

   —A veces —murmuró él—, me asusta verte así. No eres de las chicas que lloran demasiado. Estas realmente…

   —… muy asustada —completó Anne—. Tengo mucho miedo dentro, en mi corazón. Estoy realmente aterrorizada.

   —Ya —asintió él—. No te preocupes por sentir miedo. Una vez, alguien me dijo que esa es una emoción natural, no te avergüences de sentirla. Es normal, Anne. —Se detuvo y, después de mirarla, le hizó una pregunta—: ¿Por qué no se los has contado? A Liza y a las demás, me refiero.

   Anne suspiró.

   —Supongo que todo pasó por culpa de mi miedo —respondió—. No lo quería aceptar y estaba cerrada. A lo mejor creía que si no les decía nada las protegería del peligro inminente; obviamente me equivoque. Tal vez quería convencerme a mí misma de que nada sucedería. Puedo dar mil excusas, pero la verdad es que estaba atemorizada.

   —Ya —asintió Will, comprensivo—. No te avergüences de sentir miedo.

   Anne no respondió. Se quedo allí, entre los brazos de Will mientras todo pasaba, mientras terminaba el llanto y las lágrimas desaparecían. Siempre hacia aquello cuando era niña, se acunaba en los brazos de su madre para que el miedo desapareciera.

   —Cuéntaselo a las demás —sugirió Will, hablando en su oreja—, merecen saberlo; además, tienen que estar sobre aviso, por lo menos, y para que las cosas no lleguen de sorpresa. Tienes que contárselo, Anne.

   —Lo haré Will —prometió ella—; lo juro.

   Intentaron hablar sobre cosas triviales, y Anne se zafo de los brozas de Will, pero no lograron mucho. La presión a la que se veía sometida Anne, en aquella prueba que le estaba tendiendo la vida era total y completamente palpable; se veía latente aun de lejos. William se prestó a ayudarla para decirle a las demás lo que estaba sucediendo, algo que ella rechazó amablemente, eso, ella debía hacerlo sola. Sonrió amargamente: sus pesadillas eran sólo suyas y nadie merecía compartirlas.

   Después de clases hablo con su hermana y sus amigas. Ninguna tenía ninguna respuesta sobre cómo parar eso; Anne sólo recibió caras incrédulas, asustadas y mudo terror esa tarde… y muchas más preguntas sin responder. Todas tenían miedo de ser las que seguían.

   Fueron a ver a Annie a la enfermería, que permanecía igual. La enfermera iba a de un lado a otro, nerviosa, sin hacerles mucho caso. Pero cuando se acercaron a Annie, oyeron la voz monótona de la enfermera.

   —Es una enfermedad lenta, tarda años en desarrollarse en los casos normales. Pero esta va más rápido, se desarrollo en unos cuentos meses. Una vez que el paciente queda inconciente, tarda también mucho tiempo. No esperen ver cambios de un día para otro, porque, aunque su prima va más rápido que el resto de los enfermos, no los encontraran. A lo mejor puede oír… —especuló, con la mirada pensativa—, algunos pacientes lo hacen al principio. Los más afortunados tambiñen pueden ver en el inicio; pero al final antes de… —titubeó visiblemente nerviosa— morir todos quedan mudos y sordos. Es muy triste.

   Anne asintió y la enfermera siguió hablando.

   —Escribí a sus padres esta misma mañana; espero respuesta para ésta semana, porque la cosa es terriblemente urgente. Pedí autorización para llamar a un médico especializado; yo sola no me siento capaz de lidiar con todo eso, ¡sólo estudie medicina general!

   Anne asintió de nuevo, pero al enfermera no le prestaba atención en ese momento.

   —Las cosas estás graves —suspiro sin dejar de moverse de un lado a otro—. Eso es todo. Pondría nerviosa a cualquier persona.

   La enfermera seguía caminando de un lado para otro, sin detenerse en ningún momento. Anne no soltó ni palabra, se limitó a quedarse allí, parada, mirando los ojos de terror de Annie. La enfermera se dio cuenta de que era lo que miraba; respondió a si muda pregunta.

   —Se quedará así —dictamino, con una mueca de lástima—. Tiene suerte, porque sólo son los ojos. Todos los enfermos se quedan con una cara que refleja terror, pero hay muecas muy desagradables. Lo de los ojos es siempre lo mismo… estas pintados con un terror inexplicable, quién sabe que verán cuando caen en el coma, pero debe ser muy desagradable. ¿Quieres saber algo más?

   Anne se apresuró a negar enérgicamente con la cabeza.

   —Debí hacerla venir —comentó, con dolor— en cuanto empezó a toser y seguro que esto no estaría pasando.

   —Hubiera dado lo mismo, chica —le respondió ásperamente la enfermera, mirando de soslayo a Annie—. Es una enfermedad sumamente difícil de detectar; cuando sólo están tosiendo, puse pasar por una simple gripe. Son mínimas todas sus podibilidades de sobrevivir… casi esta ya desahuciada.

   Anne sabía eso, pero las palabras no dejaban de sonarle como una sentencia de muerte para ella misma.

   —Lo siento Annie —murmuró Andrea en el oído de la inconsciente chica; después de volvió hacia las demás y añadió—: Ojalá escuche.

   —Ojala —la apoyó Liza.

   —Yo no desearía sólo eso —intervino Anne—; yo desearía que nada de esto estuviera pasando ahora.

   Siguieron un rato más en la enfermería; todas bastante calladas después de lo que Anne había dicho. Anne finalmente decidió que era pérdida de tiempo estar allí de esa manera, con silencios y miradas, pero sin palabras que ayudaran a alguien… Ese día no terminó los deberes; estaba nerviosa y era casi incapaz de hacer algo bien. Andrea de ofreció a ayudarle, pero acabó refunfuñando; Anne supuso que tenía tanto miedo como ella.

   —Anne, yo —dijo abruptamente— siento haberme portado mal contigo; entiendo por qué no nos contabas nada de lo que estaba sucediendo.

   —No importa —negó Anne—; ya no.

   —Como quieras —aceptó ella; hizo una pausa y, mirando la composición que estaba haciendo para Anne, añadió—: Es casi imposible falsificar esos garabatos a los que tú llamas letra.

   Anne soltó una risa nerviosa.

   Eran casi las doce de la noche y ambas estaban sentadas junto a la chimenea más caliente. Eran las únicas allí, además de unos cuantos alumnos mayores. Las dos estaban muertas de sueño. Anne tenía enfrente algunos apuntes de encantamientos, varios de ellos prestados por Paulette.

   —No debiste dejar todo esto para ahora —la regañó su hermana—; ahora tienes mucho que terminar.

   —Lo sé, lo sé —respondió—. Tú viste como estaba.

   —Ya, ya —la tranquilizó su hermana; cualquiera se hubiera puesto así. Tranquilízate, ya encontraremos la manera de… —titubeó— salvarnos. No sólo eres tú, somos todas.

   —A veces pienso —confesó Anne— que no quiero tener falsas esperanzas y aceptar lo que esta pasando ahora. Me horrorizo cada que me descubro con ese pensamiento.

   —Ya verás como todo se arregla, como todo será fácil. —Andrea nunca había estado más equivocada. 

Capítulo 8: Enfermedad

   –De verdad que no es nada –dijo Annie después de hacer tosido estruendosamente un par de veces–. Seguro que de una gripe no pasará –concluyó con una sonrisa, volviendo a sus deberes.

   Anne la miro un segundo, pero no la molesto más. Y también volvió a sus deberes rápidamente. Las dos siguieron en silencio, cada una en sus respectivos asuntos. La sala común estaba en silencio, casi vacía y con tan solo unos estudiantes de grados superiores.

   Anne le agradecía su silencio a Annie. La chica casi no la había molestado con el asunto y se había quedado callada. Liza, que era muy escéptica, había buscado información para probar que la Feene había sido real, y, por supuesto, la chica había sido incapaz de quedarse callada. Paulette le preguntaba día sí y día también que le ocurría. Renée le preguntaba que había sacado por conclusión, a lo que Anne no había respondido. Andrea estallaba cada dos por tres. Clara hacia uno que otro comentario. Vet, hacía algunas preguntas esporádicas. Will había sido la peor parte para Anne; la chica había visto la confusión y el dolor en los ojos de Will, al igual que esa pregunta: ‘¿Ya no me quieres más como amigo?’, Anne no había dicho nada.

   Había sacado conclusiones escalofriantes. No quería compartirlas con nadie, o más bien, no quería compartir sus sentimientos con nadie más. ‘Ya no quiero sentirme mal’, pensó. ‘No quiero sentirme desgraciada’.

   Annie volvió a toser estruendosamente.

   –¿Segura que estas bien, Annie? –preguntó Anne de nuevo–. Pareces un poco enferma.

   –Tonterías –objetó la otra–. Me siento estupendamente; esto no pasará de una gripe. Segurísima.

   Anne se encogió de hombres y optó por créele; no tenía ganas de discutir con Annie, ni con nadie. Se concentro en su tarea, que no era poca, y siguió escribiendo la interminable redacción de transformaciones en la que estaba metida. No oyó a Annie toser de nuevo y se tranquilizó. No había nada de que alarmarse, se dijo una y otra vez, y ella misma se convenció.

   Los minutos, interminables, siguieron pasando, uno a uno, con extraordinaria lentitud. Annie que sujetaba cada tanto que, a pesar de lo mucho que odiaba el liceo, allí no tenía tanto trabajo. Anne le recordó con bastante amabilidad, y sarcasmo, que en el liceo eran mucho más anticuados y aburridos. Eso basto para que Annie se callara y siguera en su tarea de Adivinación, la materia que peor se le daba.

   –Me parece que acabaré por inventarme todos los augurios que tengo que escribir –terminó diciendo, al borde de la desesperación–. Tantos cálculos me matan. Cuando estudie la primeria, jamás me gustaron las matemáticas.

   –Da lo mismo si te los inventas que si no lo haces –le confió Anne–; la profesora no tiene manera de saber si son ciertos o no. La mitad de los augurios ni siquiera se cumplen.

   –¡Eso ya lo se! –se quejó Annie–. El problema es que no tengo ni la más mínima idea de que inventar. Ya sabes como esta de atrofiada mi imaginación. –Sonrió.

   –Bueno, yo no puedo ayudarte –le respondió Anne–. Tengo muchísimo trabajo que hacer aún. Pero, si te sirve de consuelo –añadió–, servirá cualquier tontería que pongas en esa hoja para que te cuente la tarea.

   –Vale –asintió Annie–. Haré cualquier cosa.

   Annie, que era un muchacha parlanchina por naturaleza, le tenía fobia a la escuela. Detestaba las tareas, los exámenes, etcétera. Anne lo sabía a la perfección. Aunque casi no se veían, se llevaban muy bien y se conocían bastante. Annie era de las chicas que les gustaba armar escándalos, ser la chica que todos conocían… Así era Annie. En cambio, para la escuela, era un total desastre. La tía Susan la regañaba bastante por los resultados que obtenía en la escuela, pero ni eso hacía que Annie mejorara. Anne, en cambio, sacaba mejores notas. No eran perfectas, como las de su hermana, que siempre llevaba excelentes a casa, pero no estaban del todo mal. Jamás había sacado una reprobatoria, pero eso no evitaba que a veces hubiera estado a punto de hacerlo.

   Annie volvió a toser. Anne decidió no tragarse esta ves la misma respuesta que Annie la le había dado hacía pocos minutos.

   –¿Estas bien, por enésima vez?

   –¡Qué si! –Respondió Annie–. No tengo nada; estoy estupendamente.

   Andrea, en ese momento, había entrado a la sala acompañada de Clara. Anne la había visto cuando Annie le había contestado.  

   –¡Pero Annie! –intervino Andrea, acercándose a las chicas–. ¡Si estas tan blanco como yo! –exclamó sorprendida–. Eso no es estar bien. Eso es estar pálida.

   –Pero estoy bien –se obstinó Annie, siempre con la misma cantaleta–. No me ocurre nada.

   –No te creo –le respondió Andrea antes de que Anne pudiera abrir la boca–. Deberías ir a la enfermería, ese estado no es normal. –Lo decía sinceramente, se dio cuenta Anne, estaba preocupada–. De verdad Annie.

   –Que va, estoy completamente normal.

   –Eres una testaruda –intervino Anne–, eso es lo que eres.

   Annie se encogió de hombros y se levanto, alegando que tenía cosas que investigar en la biblioteca. Andrea, en cuanto se quedo sola con Anne, salió huyendo. Anne lo entendió, su hermana no quería explotar de nuevo y volver a gritarle otra vez. Clara la siguió sin una palabra. Anne se quedo sola por lo que no considero la necesidad de estar allí y se dirigió a su dormitorio a terminar lo que estaba haciendo.

   Su dormitorio, uno de los primeros, era un caos. Era una de las características de Anne. Todo ese lugar estaba sumido en el desorden, era imposible hallar nada. Había ropa regada, libros en el piso y la cama estaba habitualmente desarreglada. Era algo de lo que su hermana, que era capaz de ordenar todo cuanto tenía, que no era poco, se quejaba muy habitualmente. Su madre también lo hacia, pero, como ahora pasaba menos tiempo en casa, había dejado esa costumbre a un lado.

   Cuando se dio cuenta de la tarde que era, decidió acostarse. Esa vez la luz de la mañana no la despertó. Esa vez fueron golpes desesperados en la puerta los que la sacaron del sueño. Se levantó refunfuñado y tallándose los ojos amodorrados. Le sorprendió ver a Andrea en la puerta, hacía tres semanas que casi no se hablaban, para evitar problemas. Cuando se fijo bien, descubrió los ojos rojos.

   –¿Qué ocurre? –preguntó. No recibió respuesta–. ¿Pasa algo? –Tuvo una intuición, y deseando que no fuera verdad, volvió a preguntar–: ¿Es Annie? ¿Pasa algo con Annie?

   Andrea asintió secamente.

   –No se que le ocurre –murmuró–. La enfermera me mandó por ti. Quiere vernos a las dos. Annie está en cama.

   –Vamos.

    Las dos iniciaron su camino en silencio. Llevaban tres semanas sin hablarse casi y de un momento a otro no se iban a poner a parlotear de un momento a otro; menos después de la tensión que pasaban.

   En la enfermería el ambiente no era tenso, sino de nerviosismo. La enfermera caminaba de un lado a otro sin detenerse, llevando consigo medicinas y remedios. Annie estaba inmóvil en una de las camas. Anne se fijo en un pequeño detalle: tenía los ojos abiertos.

   Sus ojos marrones estaban congelados en el techo. Anne se estremeció.

   –¿Qué le ocurrió? –preguntó la muchacha.

   –No lo se –respondió Andrea–. Estaba en mi recamara, intentando dormir cuando en la de Annie, que esta justo al lado, la oí toser. No le di importancia, ya que ella tampoco se la había dado en la tarde. Hasta que oí los golpes en mi puerta y me apresure a abrir… Era Annie. Estaba blanquísima, como yo. Tosía y me dijo que se sentía mal. Yo le respondí que teníamos que venir a la enfermería y ella accedió al instante. Llegamos al pasillo de enfrente, allí se desvaneció y se quedo con los ojos abiertos, como los muertos, mirando a la nada. Vine corriendo por la enfermera, que me ayudó a traerla hasta aquí. La examinó y me mandó por ti. Fin de la historia.

   Ninguna de las dos volvió a hablar hasta que la enfermera, con la frente perlada de sudor las miró. Les hizo una seña para que entraran al despacho. Se sentaron enfrente de la enfermera.

   –Se que tiene –empezó la enfermera–. Es una enfermedad extraña; se puede curar, pero la mayoría de las veces no se logra nada. Les seré sincera. Su prima debió de haber venido mucho antes, cuando le empezó la tos. Les avisaré a sus padres, para que ellos se lo digan a la persona adecuada. Annie tiene muchas probabilidades de no volver en si jamás –se detuvo unos segundos y luego prosiguió–: Vayan a sus cuartos, si hay alguna novedad con su prima mandare por ustedes.

   Ninguna volvió a hablar en todo el trayecto. Estaban perplejas. Simplemente no comprendían que su aparente tranquilidad se hubiera caído de un día para otro, en un solo momento.

   –Buenas noches –musitó Anne al llegar a su cuarto; Andrea siguió de largo.

   Sabía porque eso le había sucedido a Annie. Lo comprendía. Annie era tan sólo la primera de tantas víctimas que caerían fulminadas bajo la maldición que la Feene había pronunciado. La historia de la Feene era real y encajaba perfectamente con todo. Otros sufrirían y morirían para que ella sufriera y se viera impotente. Se viera perdida en el mundo. Sabía, o tenía una intuición por lo menos, de quien sería la siguiente. La siguiente de muchas muertes, enfermedades…

   Sólo la primera, se recordó. Anne intentó calmarse. Necesitaba hablar con alguien, y pronto. Sentía como si se estuviera ahogando. La presión la envolvía y no la dejaba en paz. Opresión. La sentía directamente, se sentía cerrada a sí misma incluso.

   Esa noche no durmió. Pasó miedo, pero no por ella. Paso miedo por toda la gente con la que se relacionaba, paso miedo por sus amigas, su familia. Paso miedo porque sabía lo que les estaba esperando a las víctimas que seguía. La Feene lo había planeado bien. Mataba a sus amigas, a sus conocidos, a sus familiares, para hacerla sufrir a ella. Simple. Sencillo. Fulminante. Anne Garrew se estaba llevando la peor parte de todo el asunto. No sabía como pararlo. 

Capítulo 7: Opiniones

   Escapaba de todo.

   Will se había dado cuenta su estado: Anne estaba ausente; se había refugiado en los deberes y se encerraba en sí misma. No hablaba de aquello que le pasaba por la cabeza jamás. Will había intentado hablar con Liza, pero a esta, Anne tampoco le había confiado sus temores.

   –Pareces ausente –comentó Adam mientras tomaba el desayuno–. ¿Es Anne Garrew? –preguntó.

   –Si –admitió Will–. Lleva así tres semanas –se quejó–; ella es mucho más extrovertida.

   –Mi madre tuvo un caso así –comentó Adam, como si nada–. Era una chica sociable, parlanchina, extrovertida y muy buena para hacer amistades, pero, de repente, todo eso se le acabo. Se volvió huraña y solitaria. Mi madre opinaba que le había entrado una depresión muy fuerte –titubeo antes de decir–: Acabó suicidándose.

   –Ya –cortó Will–. Anne no es así, ni siquiera puede… –Se detuvo a tiempo, había estado a punto de decir: “puede morir”, pero no quería desvelar los secretos de su amiga. Rogó por que Adam no preguntara.

   –¿Y? –Adam lo animó a seguir.

   –Nada –murmuró William, arrepintiéndose de haber abierto la boca–, no quise decir nada –aclara con voz más fuerte y clara.

   –Otro secreto –adivinó Adam al instante–. No importa –se encogió de hombros–, Garrew puede guardar todos los secretos que le plazcan. Esa chica necesita privacidad –reflexiono–, viva acosada por un montón de curiosos.

   –Eso –convino Will–. No paran de acosarla. Que si el aspecto tan extraño de Andrea, que si lo que pasó el curso pasado o, sobre todo, porque se sigue juntando con Vet Belby si lo que cuentan es cierto.

   –A mí ninguna de esas habladurías me interesan –aseguró Adam–. Si Anne se uniera a Tultonisos sin ninguna explicación, a mi no me importaría. No entiendo por que la gente es tan cotilla y chismosa.

   –Ni yo, si vamos al caso –comentó Will–. Ojalá algún día se cansen. Las habladurías, los rumores y los chismes tienen que terminar; tienen que cansarse algún día. Anne acabará desquiciándose, toda la gente quiere saber los pormenores de lo que paso en junio.

   –Sólo hay un problema –empezó Adam con cautela–, antes de que se cansen de hablar pasará bastante tiempo. Aún les queda mucho que soltar, y hay gente que tiene una lengua…

   –Eso es cierto –aceptó Will, frustrado–. ¿Tu madre nunca atendió a alguien que no haya soportado la fama?

   –Si –confirmó Adam–. Fue Violetta Shaeffer. –Sonrió–. ¿La recuerdas? –William asintió–. Ya sabes la historia, supongo; tenía una voz de ángel y todos la querían. Pero, desgraciadamente, no soporto todo lo que la fama implica. Se mató puro estilo toward de los 70’s: una sobredosis.

   –Todo un caso trágico –concluyó Will.

   –No te preocupes. Anne no es ese tipo de persona –aseguró–; ni será ese caso. La chica no tiene ni un pelo de tonta, y posee bastantes agallas para poder lidiar con esto. –Adam miró a Will fijamente–. Sólo tiene un problema: ella no escogió la fama, ni lo habría hecho jamás.

   –No la conoces –acusó Will–. No sabes lo que le pasa por la cabeza.

   –¿Y tu sí? –se burló Adam soltado una risa sarcástica–. Mira, Will, aborrece a los periodistas, y, cada que lee una nota en la que sale su nombre pone la misma cara de fastidio. Es lo único que averigüe yo solito de la chica, no tengo ni la menor idea de que le pasa a su mente. Ya sabes que prefiero no meterme con los asuntos ajenos.

   –¿Estás sugiriendo que le de su espacio? –preguntó William–. ¿Espera a que deje los problemas de lado? –Adam negó rotundamente con la cabeza–. ¿Entonces que?

   –Eso lo puedes decidir tú solito, yo no soy quien para decirte que hacer, aunque, gracias a mi madre, sepa de estos temas.

   –Vale, vale –aceptó Will–. ¿Qué sugieres?

   –Nada en especial. –Adam se encogió de hombros–. Pero tengo dos que pueden ayudarte: puedes darle su espacio, su tiempo y esperar a que ella misma se acerque a ti y te cuente todo, o, por el contrario, seguir insistiendo y averiguar lo que ocurre.

   –No ayudas –se quejó Will.

   –Sólo te presento las dos únicas opciones que tienes. –Adam le sonrió, a lo que Will respondió con una mirada furibunda–. Elige lo que a ti te plazca. Sólo te doy una advertencia: no la hartes y dale unos días.

   –No ayudas –repitió Will.

   –Terco –le recriminó Adam–. Mira, Will, tu haz lo que te venga en gana –aclaró–, yo sólo te doy un consejo, o te presto ayuda… como tu tengas ganas de verlo.

   –Pues le daré un poco de tiempo –decidió el muchacho un tanto apresuradamente–, pero, si después de una o dos semanas no se le pasa, empezaré a preguntar, tanteando el terreno de su cerrada mente.

   –Piénsalo –cortó Adam.

   –¡Pero si la lo he pensado! –Will lo miro con incredulidad–. ¡Y hasta lo he decidido!

   –Piénsalo –repitió Adam.

   –Juro que cada día tu comprendo menos –se quejó William–. O es que, simplemete –comprendió, de repente–, que me he centrado demasiado en Anne estos días y todo lo demás se me ha ido de lado. ¿Es que estoy actuado como ella? –se preguntó a sí mismo, en voz baja.

   –Por supuesto que no –negó Adam abruptamente–. No eres ese caso. No estas abstraído, en tus asunto e ignorando lo demás. Tampoco… –titubeó–, negado a hablar de tus problemas y… –titubeó de nuevo– tan cerrado en ti mismo. ¡Yo que se que le pasa a esa muchacha por la cabeza! –exclamó– Esa chica parece, sólo parece, bajo muchísima tensión.

   –Por supuesto que lo está –aclaro Will, arrepintiéndose de haber abierto la boca en ese momento. No le iba a hablar a Adam de la historia que Anne le había confiando hacía tan sólo unos meses.

   –¿Ah, si? –inquirió su amigo y, inmediatamente, pregunto–: ¿Se puede saber porque? –Adam miró a Will, que e apresuraba a negar con la cabeza, sin una palabra–. Ya, no me lo contarás. –Se encogió de hombros–. No me importa, ya te lo dije: no me interesa en lo más mínimo. Garrew puede guardar todos los secretos que le apetezca, yo no me inmutaré, aunque, tal vez no suceda lo mismo con otras personas.

   –No –acepotó Will, un tanto a regañadientes–. La gente no se quedará sin preguntar; en especial la cotillas y, desgraciadamente, una de ellas es su propia prima, Annie Garrew.

   –Lo se –asintió Adam–; pero, estoy completamente seguro de que Annie no se meterá con Anne. No me malinterpretes –añadió al ver que Will se apresuraba a interrumpirlo–; ya se que es una parlanchina de primera y le encanta curiosear en la vida de las demás personas, pero, no se meterá con su prima. Además de todo, Anne parece tenerle bastante confianza. Se llevan bien, al menos en lo que he visto.

   –Tal vez tengas razón –aceptó Will–, pero, lo sabes bien, te puedas equivocar.

   –Se que, al menos esta vez, no me estoy equivocando –aseguró Adam, ante los inquisitivos ojos de Will, le dijo–: Lo se, simplemente.

   –Supongamos que tu tengas razón –acepto Will, a regañadientes–. ¿Qué me dices de las dos cotillas de Hallow, en primero; y la de segundo, en Sharodde?

   –Mira –empezó Adam–, Lyla Hiller e Iria Leghsmiller no son mucho problema. Serán unas chismosas y triangularán todo lo que les dicen, pero no saben bien a bien todo lo que paso aquí el año pasado. No saben la desesperación de la gente, ni conocieron el terror en que el se instalo el colegio. Madeline Millstein si es un problema –aceptó el muchacho–. Sabe lo que paso… y –agregó– es un Sharodde.

   –¿Eso que tiene que ver?

   –¿No lo comprendes, Will? –Adam lo miro como si fuera corto de entendederas–. Sharodde nunca se alzaría en una guerra contra Tultonisos; ellos la idolatran. Por consiguiente, Anne no les cae ni pizca de bien porque le ha plantado cara y ha salido victoriosa.

   –Ya entiendo –asintió Will–.  Bonitas opiniones las tuyas –le comento a Adam.

   –Son sólo conjeturas y, como tu dijiste, simples opiniones. –Adam mostró su habitual modestia–. Sólo es lo que pienso, así que puede que en algunos casos no sean correctas del todo.

   –¿Qué opinas de su hermana? –Will lo puso a prueba.

   –¿De Andrea? –Adam adquirió un semblante pensativo–. No mucho –admitió–. La veo muy poco. Pero se dos cosas con respecto a ella: cualquier cosa  que haya pasado con Tultonisos la ha dejado con su actual aspecto y, que por eso mismo, tiene una fila de galanes. Nada del otro mundo.

   –¿Y los rumores?

   –Esos se extiendan a diestra y siniestra. Pero, a mi parecer, ninguno se acerca a la verdad –comentó el muchacho–. A mi ya sabes que me importan un rábano y que no les presto ni la más mínima atención. Sobre Andrea estoy seguro de que quien los inventa son las chicas envidiosas y lo demás. Aunque –se turbó–, no parece que Andrea Garrew quiera compartir su suerte con ninguna de ellas.

   –¿Eso es ‘no mucho’?

   –¡Pues claro que no es mucho! –exclamó Adam–. Son sólo un montón de ideas sueltas que no consigo poner en orden. No tengo ni la menor idea de cómo unirlas para sacar una conclusión. Confórmate con eso.

   –¿Y las demás?

   –No preguntes por tu bien –le recomendó Adam–. No las conozco en lo más mínimo. Será muy frustrante intentar sacar una conclusión.

   –Vale, vale –aceptó Will, de mala gana.

   –¿No más preguntas ‘Señor Curioso’? –preguntó Adam socarronamente. Will, al oír lo de curioso le dirigió una mirada furibunda–. ¡Es la verdad! –se defendió Adam.

   –Fingiré que no oí nada –prometió Will–. ¿Crees que Anne volverá a ser como antes? –Dirigió una mirada significativa hacia donde ella acababa de entrar.

   –No tengo ni la menos idea –respondió su amigo–. Pero, por ahora les conviene dejarla en paz. No sacarán nada, de todas maneras –se encogió de hombros–, nadie tiene sabe nada. Esa es mi opinión, me preguntaste, y esto es todo lo que tengo –zanjó.

   –Vale, vale…

   –No es la misma de siempre –murmuró Adam, interrumpiendoló.

   –¡Pues claro que no es la misma! –se alteró Will–. Tiene algo y no se que es; está abstraída, cerrada, etcétera. Prefiere guardar sus pensamientos en secreto que confiárselos a otras persona. ¡Maldita sea, ella no es así! –Al darse cuenta de lo alterado que estaba, intento controlarse–. Está distinta –concluyó–. No es ella.

   –Eso no es mucho –comentó Adam.

   –Pues claro que no lo es –le respondió Will, hosco.

   –¿Volverá a ser la misma de siempre? –preguntó Adam, dirigiéndose a Will.

   El muchacho no contesto, para eso no tenía respuesta… todavía.

Capítulo 6: Evasión

   –Lo teníamos frente a las narices –dijo Anne cuando cerró el libro y lo dejo en su lugar, después de mirar a sus amigas. No quería hablar del tema.

   –Es solo un mito –protestó Liza, que, para ella, la palabra mitología no significaba nada salvo lficción–; no deja nada en claro.

   –Lo de Dune era también un simple mito –rebatió Anne, de mala gana, pues lo que había leído no le había hecho no pizca de gracia–, y tenía mucho de realidad. Al menos –añadió–, ya no daremos palos de ciego con lo de Feenegreé. Podríamos investigar de la Feene –propuso, de nuevo a regañadientes, mirando a las demás.

   –No creo que encontremos mucho de ella –dictaminó Paulette–. Debemos decírselo a las demás –añadió, levantándose de un salto–; yo no quiero perder otra clase o nos echaran de menos y nos descubrirán.

   –Niña buena –se quejó Renne sacudiendo la cabeza y levantándose también. Anne le agradeció enormemente a Paulette haber dado fin a la conversación, no la volvería a tocar. Hasta que estuviera segura… y con el tiempo en las narices.

   Las cuatro salieron de allí.

   Anne sabía que, sí el libro estaba en lo cierto, la Feene había profetizado la raza de Dune, pues la Señora Sharodde que mencionaban allí era, nada menos, que Dune, y, si su ultima maldición era también cierta, ella misma estaba maldita. Anne suspiró, aquel asunto la sacaba de sus casillas, lo único que quería era ser una persona enteramente normal.

   El día no transcurrió con muchos incidentes, todo estaba calmado en el colegio, pues eran los primeros días y a nadie, todavía, se le ocurría hacer una tontería para alterar la aparente tranquilidad de ese lugar. Ya bastaba ella para alterar todo, se recordó Anne no sin poca amargura, no podían dejarla en paz con lo sucedido a finales del último año. Le hacían preguntas, la seguían, murmuraban cuando pasaba, y no pensaban en que ella quería una vida privada sin que la gente estuviera detrás de ella a cada segundo.

   –¿Cuál es el lenguaje mágico del cual estamos hablando? –la voz de la profesora White la sacó se sus pensamientos, tardó en darse cuenta de que le hablaban a ella, pero cuando lo hizó pego un respingo y miro avergonzada a la joven profesora.

   –No lo se –murmuro Anne mirando a la profesora con una mueca de disculpa.

   –Espérame afuera –indico la profesora White al tempo que le hacia una seña a Anne de que saliera del aula. Anne asintió y se dirigió a la puerta.

   Anne no era del tipo de alumna ejemplar que había sido su madre, para eso estaba Andrea, pero tampoco era de las chicas que tenia problemas con los profesores a menudo, aunque cuando no sabía responder, a veces acarreaba regaños por parte de los profesores; en especial de la profesora McDougal, que era la más estricta de todo el Instituto. Se reprochaba mentalmente el no haber puesta atención a la clase y estar metida en sus pensamientos que no eran muy agradables en ese momento y, además la sacaban del mundo vivo para irla a depositar al lugar lejano que era su mente llena de preocupaciones que la estresaban, especialmente cuando se ponía a debatir mentalmente sobre su futuro.

   –Te he notado abstraída en ti misma los últimos días, Anne. –La profesora White era la única que llamaba por su nombre a los alumnos–. ¿Qué te ocurre? –preguntó directamente sin molestarse en decirlo de una manera más delicada–. ¿Es por… lo que paso?

   Lo que paso. El secuestro. El momento más deprimente de su vida. Lo que fuera, ese momento no le agradaba para nada a Anne, y menos estaba dispuesta hablar de eso.

   –Es algo así –respondió Anne con una evasiva–, últimamente he tenido mucha presión y me distraigo con mucha facilidad –admitió.

   –Bueno Anne –dijo la profesora White–, yo te recomendaría que te relajaras pues no puedo hacer nada más por ti. –Sonrió–. Además de dejar tus deprimentes pensamientos para otro momento.

   Anne asintió y, en cuanto pudo, volvió a entrar en el salón y se escabulló de la profesora.

   El día fue pasando y Anne no salió de su encierro mental en casi toda la jornada, pero no tuvo más problemas con los profesores. Al llegar la noche se hecho en la cama sin miramientos, solo quería olvidarse del mundo un rato, olvidarse que existía y que había un guerra que se acercaba por segundos. No quería saber nada de nada en aquel preciso instante.

   Una luz la deslumbro por la mañana, al despertar, después de haber pasado una noche apacible.

   Se dio un baño y se arreglo el cabello lo suficiente para que sus greñas no fueran demasiado evidentes y salió del cuarto a toda prisa, ya que se dio cuenta de que iba tarde… y no le convenía llegar tarde con McDougal. “Ya tengo bastantes problemas”, pensó.

   –¿Has pensado en lo de la Feene? –le preguntó Liza apenas se reunió con ella–. ¿Piensas que es verdad?

   –Solo una pregunta por vez –le recriminó Anne–. En realidad no lo se, ni he pensado en eso –admitió–; y en este momento, no me interesa. Pero es una teoría… –Busco una palabra para definirla–, interesante. Además, todo es frustrante –se quejó–, en especial cuando tu propia vida es la que está en juego.

   Liza le sonrió amistosamente.

   –Te ayudaremos, ya lo sabes –le dijo–, que para eso están las amigas.

   –Y para que las maten a ella en vez de a ti –refunfuño Anne–. Como odio que se arriesguen por mí. Si a alguna de ustedes le pasara algo, yo nunca me lo perdonaría, Liza.

   –Bueno, no te pongas dramática –le dijo Liza–, que buscaremos la forma de arreglar tu vida; aunque volteemos el mundo de cabeza –aseguró sonriendo. Anne correspondió a esa sonrisa un poco tarde, pero estuvo segura, que antes de dirigirse a su banco cuando McDougal entró, que Liza la había visto.

   Las horas, a la muchacha, se le pasaron volando, no se había dodo cuenta cuando ya era hora de la comida y las clases habían terminado. Tampoco se había dado cuenta que tenía bastantes tareas pendientes, así que agradeció cuando el trabajo le ocupó toda la tarde y no tuvo tiempo de pensar en nada más que en las calificaciones de ese semestre; iba bastante atrasada.

   Estaba evadiendo el tema, y lo sabía. Pero no quería pensar en lo que el libro sobre mitología decía. No quería… y no lo iba a hacer, hasta que el tiempo se les viniera encima, con otra de las artimañas de Tultonisos; eso también lo sabía. Pero lo evitaba porque no quería pensar, no quería buscar una solución, y mucho menos, quería que sus amigas, y su hermana, sufrieran las consecuencias de una profecía. “Que esta echando todo mi futuro a la basura”, pensó mientras se dirigía en silencio a los dormitorios para dejarse vencer por el sueño que la acusaba.

   La luz la saludo con el nuevo amanecer. Despertó dispuesta a seguir ignorando el tema. Esta vez, se levantó temprano y bajó a desayunar. Andrea la esperaba en la mesa del desayuno, parecía muy metida en el periódico que tenía enfrente.

   –Buenos días –saludó, sin apartar la vista del periódico–. No hay nada, la prensa se ha cansado de acosarte.

   –Que bien –dijo Anne, sin mucho entusiasmo y se sirvió el desayuno.

   –¿Qué te ocurre? –preguntó Andrea en cuanto dejo de lado el periódico–. Liza me ha dicho que has estado abstraída los últimos días.

   –No es nada –respondió Anne–, sólo he estado muy en mis pensamientos, y eso es lo que me hace parecer fuera de este mundo.

   –Ya. –Andrea no parecía nada convencida–. ¿Qué te pasa por la cabeza –volvió a insistir.

   –Nada malévolo –se defendió Anne–. Es verdad –aseguró.

   –Tú con tu vida haces lo que quieres. –Andrea se encogió de hombros–. Pero, Anne, quiero que sepas algo: nunca te dejare abandonada y me preocupare por ti, y tu seguridad, a cada minuto. Sólo por que eres mi hermana. Recuérdalo.

   Anne asintió y termino de desayunar en silencio. Ciertamente, no le reprochaba nada a su hermana, pero no quería meterla en el asunto. “Ya estuvo a punto de morir una vez por mi culpa” se recordó mientras caminaba hacia su primera clase. “Sólo porque alguien formulo una profecía… una estúpida profecía”. Anne seguía tan abstraída en sus asuntos como el día pasado. Se dirigió al salón de la profesora Cowart en las nubes, ignorando olímpicamente a la gente que pasaba a su lado y la miraba, la señalaba o murmuraba a sus espaldas. Estaba evadiendo todo en lo que no quería pensar.

   Liza la esperaba en la puerta del aula, ansiosa.

   –Anne, ¿has pensado en lo de la Feene? –preguntó–. Me gustaría saber que piensas eso es todo.

   Anne le dirigió una mirada de disculpa, y se siguió de largo, ciertamente, no quería responder.

Capitulo 5: La adivina

   En nuestro mundo haya, probablemente, destacadas adivinas y profetisas, pero, sin duda, una de las más destacadas es la Feene. Nacida en el siglo IX, antes de que se descubriera América.

   El nombre verdadero de la Feene fue olvidado, pero pertenecía a algunas de las grandes familias mágicas de aquella época. En el estudio de magia se destacó por su poder adivinatoria y fue nombrada profetisa a los diecinueve años, junto con su hermana, que quedo opacada por el talento de la Feene.

   Estuvo comprometida con Andrew de la Marcell, un mago francés de la alta cuna, pero debida a la muerte prematura de éste el matrimonio fue cancelado y la Feene se quedo soltera, pues lo jóvenes rechazaban su mano cada que sus padres intentaban casarla.

   –No quiero perder mi libertad –dijo una vez, a su madre–, quiero ser libre y dueña de mi propio destino, quiero vivir intensamente.

   La cosa no fue muy bien aceptada por sus padre que la echaron de casa cuando acababa de cumplir los veintiún años y había dejado pasar la edad para el matrimonio. Le culparon de la mala suerte que corría en aquellos tiempos y se contentaron con arrojarla fuera de la familia y desheredarla.

   Fue bien acogida en casa del matrimonia Sharodde, que acaban de contraer matrimonio hacía un años escaso. Vivió en la casa de los Sharodde unos años, hasta que consiguió un puesto como dama de compañía en la corte Toward de ese tiempo. En ese tiempo frecuentaba la casa de los Sharodde a menudo, pues se había hecho amiga de la joven esposa.

   Hay quien hablo de cierta plática que tuvieron las dos mujeres una tarde de junio, cuando la joven Ariadna Sharodde acababa de cumplir un año.

   –¿Una raza? –pregunto la profetisa–, ¿Señora, quiere que pronuncia una profecía para asegurarle una raza?

   –Eso es exactamente lo que quiero y lo que deseo en este momento –respondió la joven esbozando una sonrisa maliciosa–. Una descendencia de mujeres.

   –Podría salir mal –advirtió la adivina, evadiendo la solicitud de la joven, que a sus veinte años no parecía haber parido a una criatura.

   –Lo se –sonrió la joven.

   –¿Lo quiere, señora, aun? –preguntó la Feene–. Le he advertido ya todos los peligros que esto podría acarrear.

   La sonrisa de la joven se hizo aun más ancha cuando la Feene pronuncia tales palabras.   

   – Si –respondió solamente.

   Y su sonrisa era una sonrisa de triunfo, de que había ganado aquella batalla y que nadie la detendría.

   Que ganaría todas las batallas a las que se presentara, pues estaría avalada por las mejor adivina de la época.

   Nadie sabe si la Feene si lo hizo, pero hay personas que se atreven a afirmar que esto fue real y la Feene pronuncio tal profecía, pero se corren demasiados rumores acerca de esta adivina y profetisa. La mas conocida en la mitología es que tuvo tratos con la diosa Dune el mismo año de su muerte.

   No se sabe ya mucho de ella, pero uno de los capítulos más escénicos de su vida fue el baile de Nakarenn.

   Asistió acompañando a una amiga suya que la había invitado, ella tenía treinta y cinco años, pero su belleza aun no se extinguía del todo, seguía teniendo las curvas de antaño y el cuerpo de una mujer de veinticinco, y su mirada cautivaba a aquel que osaba mirarle a los ojos.

   –¿Baila, señorita? –pregunto un joven, la Feene lo miro halagada de que le llamara señorita.

   Ella asintió y le tomo la mano, sonriendo. Esa fue la noche fatídica de la Feene, si dice que mientras bailaba tuvo una extraña visión, que la turbo, y su acompañante se dio cuenta.

   –¿Le ocurre algo, señora? –pregunto el joven, la Feene se apresuro a negar con la cabeza mientras meditaba sobre lo que había visto–. Eres rara –concluyó el joven dedicándole una sonrisa amistosa, la mujer se la devolvió un poco fingida.

   Él la acompaño por la calle rumbo a su casa, y en ese momento se dice que la Feene tuvo la visión completa de lo que había visto fragmentado en medio del baile, un estremecimiento recorrió su espalda al reconocer las imágenes. Planeaban destruir aquello que ella había profetizado. Después un estremecimiento le recorrió todo el cuerpo, reconoció esos síntomas: entraría en trance profético.

   –Muerte a quien ose destruir lo que yo cree, yo maldigo a aquel que lo hará, yo maldigo a aquella que arruinara el mundo, yo le deseo una lenta muerte y una tristeza infinita antes de ese momento, le deseo la desesperación del impotente, la angustia de aquella que sabe que nada puede hacer, le deseo el peor de los tormentos… Y le doy el poder a quien libere esta maldición.

   Se dice que esa el la maldición de Feenegreé.

   El joven, mirándola, creyó ver al demonio en ella y la apuñalo allí mismo, antes de morir, se dice que la Feene pronuncio una última frase.

   –Y te maldigo a ti… –murmuró mirando al joven con ojos de odio y traición.

   Lunia se compadeció de la mujer y la convirtió en diosa, la Diosa Feenegreé de la adivinación y los augurios.

   Esa es la extraña historia de la mejor adivina que el mundo mágico ha tenido hasta este momento, pues se dice que sus visiones eran capaces de llegar hasta tres mil años después.

  Nada se sabe de la supuesta maldición que se supone que pronuncio, pero ha habido historiadores que se han atrevido a afirmar que si la pronuncio y otros que afirman que ese capitulo de su vida es imaginación de una mente… o de aquellas personas que despreciaban a la Feene.

   Se dice que la Feene se convirtió en una diosa, pero que pasaba mucho tiempo alejada de la guarida celestial, encerrada en si misma y que siempre pronunciaba la misma frase cuando estaba sola.

   –Algún día pagarán… todos.

Capitulo 4: Un recuerdo

   Anne Tultonisos nunca había sida vanidosa, le gustaba su cabello rojo fuego, si, pero no presumía de el. No le había importado, cuando era tan solo una adolescente que la mirasen o no, y de mayor, casi nadie había tenido el privilegio de mirarla, más que unos cuantos de sus secuaces. El mundo, había dejado de verla para siempre.

   Salir al aire libre le hacia bien, pero no era ella quien caminaba, era una persona distinta, un cuerpo distinto. Nunca le desagrado aquella idea, pero ahora veía todas las limitaciones de cambiarse de aspecto. Tultonisos caminaba como en las nubes. Había recibido un mensaje urgente de Sally, se había puesto de parto y estaba en el hospital más cercano. Le recordaba cuando ella misma lo había ello… y había desperdiciado la oportunidad de ser madre… y de tener una hija que la quisiera.

   Ahora ya no le importaba que Vet fuera una Hallow, que fuer ala última Dune, quería a su hija, pero sabía que había demasiado rencor en ambas, pues las dos se habían hecho mucho daño la una a la otra. No sabía si la podía volver a mirar a la cara y no ver la acusación y el rechazo en su mirada… y sabía que la suya mostraba algo parecido, para que intentar negarlo si todo el mundo lo sabía.

   Anne Tultonisos entró al hospital donde se encontraba Sally en el cielo todavía, perdida en sus cavilaciones, hasta que un asistente la sacó de su estado de sopor.

   –¿Busca a alguien? –pregunto el chico, que no debía tener más de veinticinco años. Un simple aprendiz.

   Tultonisos regresó a la Tierra de golpe, mirando al chico.

   –Vengo de visita –explicó–. Una amiga mía acaba de dar a luz. Creo que es Sally Jackson. –Siempre tenían que hacer aquello, cambiarse los apellidos e incluso los nombres–. Soy Anne Bennett.

   –Espere –murmuro el chico y se dirigió hacia el mostrador, para revisar en los archivos–. Habitación trescientos cinco, cuarto piso.

   Anne Tultonisos volvió a meterse en sus cavilaciones y se dirigió hacia donde se encontraba Sally. Entró aun aturdida a la habitación y se topo con una sonriente Sally, Tultonisos no sabía cuando era la última vez que la había visto sonreír de esa manera, seguramente hacía diez años… o más.

   –Al final resultaron ser dos –anuncio, cuando vio a Tultonisos entrar–. Chico y chica, ¿Puedes creerlo? ¡Mellizos!

   Anne le sonrió cariñosamente.

   –¿Has decidido el nombre? –preguntó, dirigiéndose a la mujer.

   –El chico se llamara Avram –anunció Sally–, digo lo que diga John, pero la chica no se, supongo que no la esperaba y ahora no se que nombre le queda bien. ¿Sugieres alguno, Tul?

   –Coraline, llámala Coraline –sugirió Tultonisos con una sonrisa de tristeza.

   –Tul… –preguntó Sally mirándola–. ¿Por qué te gusta ese nombre?

   –Iba a ser el nombre de Vet antes de que mi madre se metiera en el asunto y le pusiera nombre ella misma –explicó Tul, aun recordaba aquellos momentos pasados con Jack, desde Octubre hasta Diciembre, decidiendo que nombre su hija. Se habían decidido por dos, Edmund, si era chico, aunque Anne ya sabía que no lo iba a ser, y Coraline si era chica.

   –Vaya, Tul, jamás lo mencionaste.

   –No lo considere importante en ese momento… y lo olvide con el paso del tiempo. Ahora, ya no tiene importancia.

   Nadie podría decir que estaba ante Anne Tultonisos, que tenía cara de pena y de rencor acumulados durante cuatro largos años, que nada podría combatir…

   –Recuerda entonces Anne –dijo Sally–, como hacías antes, así, tal vez, te perdones y sigas siendo una vez más… Anne Tultonisos.

   –Creía que no sería necesario pronunciar de nuevo estas palabras –dijo Anne, sonriendo con tristeza–, quise olvidarlo todo y lo sabes, quise cumplir para lo que soy y lo estoy haciendo con creces, ¿pero que se supone que he hecho mal en este mundo para que me arrebate todo?, ¿para que me paguen de esta manera mi misión?

   –Lo se, sabía que este momento llegaría Anne –suspiró Sally–, y me temía que fuera tan pronto. Lee las historias de las Dunes, tal vez allí halles la respuesta y comprendas porque, como tu madre menciono una vez, nosotras no podemos ser felices.

   –Menthe aride –musito Anne.

   –¿Jack? –pregunto Anne, de diecisiete años.

   Era una tarde de Noviembre en la que no se veía el sol a través de las ventanas y en la que la felicidad no llegaba a los corazones de aquella pareja. Jack Belby levantó la cabeza al ser llamado, y se encontró con Anne, que tenía rastros de lágrimas en el rostro y una cara de miedo.

   –¿Qué ocurre? –preguntó, mientras se levantaba del lugar en donde estaba, mientras sus amigos le miraban. Se acerco a Anne lentamente y sostuvo su mirada, hasta que ella empezó a sollozar.

   –¿Podrías venir? –pidió–. Quiero hablar contigo a solas. –Anne puso especial énfasis en aquellas palabras, para que no quedara duda alguna que no pensaba compartir información alguna con ninguno de los chicos allí reunidos.

   –Vamos –dijo Jack tomándole la mano y guiándola fuera de la sala.

   Anne sabía adonde se dirigía porque cruzó un entramado de pasillos, hasta encontrar un tapiz que abro y jaló después a Jack dentro.

   –Tengo que decirte algo –empezó la chica, visiblemente nerviosa–, es importante.

   El chico solo hizo un gento para dejarla proseguir.

   –¿Recuerdas lo de la otra noche? –preguntó la muchacha, “La mas feliz de mi vida”, añadió para sus adentros mientras el muchacho intentaba comprender lo que le estaba diciendo–, La noche de la fiesta –especificó Anne, por si Jack no le había entendido.

   –Fue la mejor noche de mi vida… –empezó el.

   –Y de la mía también –interrumpió Tultonisos–, pero lo importante no es eso. ¿Recuerdas lo que paso después?, en la madrugada –volvió a especificar.

   Ella si que lo recordaba, había sido su primera vez, ninguno de los dos estaba ebrio esa noche, pero aun así habían seguido adelante. En ese momento no le había parecido tan importante, hasta el retraso de la regla y lo peor vino después cuando… Sacudió la cabeza, no quería pensar en eso en este momento, ¿Cómo se lo tomaría Jack?

   –¿Me estas intentando decir que…? –empezó Jack, titubeante.

   –¿Estoy embarazada? –completo ella–. Si, Jack, lo estoy y quiero tener este bebe, pero… es demasiado pronto, debimos haberlo pensado antes…

   –¿Estas diciendo que no te gusto? –pregunto Jack, con una expresión de confusión.

   –No es eso Jack, te juro que fue la mejor noche de mi vida –aseguró Anne–. Pero soy demasiado joven para ser una madre primeriza, no me malinterpretes –se apresuro a decir la muchacha cuando vio que Jack estaba a punto de interrumpirla–, no es que no lo quiera tener, ¿Pero sabes cuantos problemas no acarreara esta cosita? –Anne se llevó la mano al vientre.

   Salieron del recuerdo de Tultonisos bruscamente, ella se disculpo con un mirada.

   –Lo de mas es privado –explicó.

   –Lo entiendo –musito Sally–. ¿Tul…?

   –¿Si?

   –¿Estas segura que funcionara lo de Feenegreé? –preguntó Sally con una mirada de turbación, era obvio que no le agradaba hacer esa pregunta a Tultonisos–. Es que… como no hay casi nada sobre ella en tan difícil averiguar… Y no sabemos más que lo que tú nos has contado. Varias personas están dudando ya y la mayoría de la gente ya no sabe que hacer.

   –Ya –cortó Tul–. Suponía que pasaría eso y que tarde o temprano tendría que responder a esto, pero si, estoy segura de que funcionara. –Y esbozó una enigmática sonrisa que llevo a Sally a preguntarse que se escondía detrás de aquel rostro.

Capitulo 3: Pista

   –Como se puede juntar con esa… –Fue el primero de los comentarios despectivos que Anne oyó por juntarse con Vet, simplemente los ignoró, pero era difícil no darles importancia.

   En el comedor su pudo encontrar con Liza y Paulette, que estaban en Hallow también, pues Renée había desaparecido en su mesa.

   –Lo sentimos Anne –dijo Paulette en modo de disculpa en cuanto ella apareció, después de decirle un “Nos vemos” a Will–, es que McDougal nos metió a la fuerza en el carruaje.

   –Por cierto ¿con quien estuviste todo el viaje? –pregunto Liza, mirándola atentamente.

   –Con Will, William Grant –contesto ella, con despreocupación.

   –¡William Grant! –exclamó Liza.

   –¿Te gusta ese chico? –preguntó Paulette.

   –No lo se, aun no lo se –murmuró Anne.

   Cuando entraron los de primero la directora les llamo al silencio para que presentaran a los nuevos alumnos.

   –Anett, Jana, Lindiane

   … –Garmond, Wendy, Lindiane

   La hermana de Wendy se adelanto, era muy parecida a sus hermanas.

   … –Lowdin, Harvey, Hallow.

   El hermano pequeño de Liza paso al frente.

  … –Reffield, Celia, Hallow

   La chica que había ido con Vet pasó al frente esta vez.

   La cena fue normal, salvo por las miradas dirigidas a Anne y a Vet, por supuesto. Vet las ignoraba olímpicamente, pero Anne no conseguía esquivarlas, el sentirse observaba era una sensación muy incomoda.

   Anne durmió bien esa noche, sin sueños, sin especulaciones, sin nada que temer, como había dicho Will, olvidarse de algo era muy saludable de vez en cuando, pero Anne especulaba que la tranquilidad no iba a durar poco.

   La chica se despertó a la mañana siguiente y no pudo dejar de recordar la primera vez que se despertó en esa misma habitación. Sonrió, se metió a la ducha y se vistió para bajar a desayunar.

   –Buenos días –Liza estaba esperando en la puerta–, Paulette se ha ido a buscar a Renée, después de decirle a su hermano que no se metiera en problemas.

   –¿Y Vet? –pregunto Anne.

   –Ha salido volando a desayunar con Roger –dijo Liza con un Mohín–. Se han llevado su tanda de miradas. Una lastima porque Vet no es como su madre.

   Anne y Liza se dirigieron a desayunar donde se encontraron a Renée y a Paulette, que estaban leyendo un periódico con mucho detenimiento. Anne se preguntó que diría ahora. En cuanto vieron llegar a las dos chicas le hicieron una seña de que se acercaran.

   –Vean esto –dijo Renée señalando el articulo.

ALGUNAS SUPOSISIONES

   Desde el incidente del pasado junio, el secuestro de las señoritas Garrew y la señorita Belby, presunta hija de Tultonisos, se han hecho una multitud de suposiciones acerca de lo ocurrido, ya que nadie, de los que sabes del suceso, quiere soltar la lengua y contar a la comunidad mágica que es lo que ocurre.

   Se ha hablado de Vet Belby como cómplice de su madre y la mayoría de la gente se ha inclinado por esta teoría, ¿pero si fue cómplice del secuestro de las señoritas Garrew, como es que estas siguen tratándola como a una amiga? La respuesta es desconocida, por lo que algunos investigadores han dejado esta teoría de lado y la han desechado.

   Las demás teorías de los ocurrido son todas inciertas y aun sin comprobar. ¿De donde sale el nuevo aspecto de Andrea Garrew? Se preguntan algunos. Un cumulo de personas sugiere que es resultado de una potente maldición. Pero esto esta también sin comprobar, ya que nadie de la familia Garrew ha querido soltar ni una palabra.

   Hay quienes especulan que hay una milenaria profecía detrás de todo esto, pero el gobierno lo niega, cosa que no es muy factible ya que ellos no tienen conocimiento de las profecías del mundo. Hay lunáticos que afirman haber hablado con la lines, pero se han mostrado reacios a dejar que sus recuerdos sean vistos, así que esto queda en entredicho.

   Ahora los medios se han resignado a intentar encontrar una explicación, ya que son tantas las suposiciones que nadie se atreve a afirmar que una sea verdad.

   –Esto se acabara convirtiendo en un escándalo –dijo Anne–, parece que no tienen nada mas que hacer.

   –Estoy de acuerdo contigo –menciono Liza.

   Dejaron ese tema, porque, además de que sería repetir algo que Anne había repetido millones que veces, no les servía de nada discutir contra un periódico. O contra periodistas de oídos sordos.

   Las clases empezaron de la misma manera que habían empezado el año anterior, con sermones por parte de los profesores y tedio de algunos alumnos, que no les gustaba oír las mismas palabras.

   –¿Alguien tiene ganas de ir a la biblioteca? –preguntó Liza cuando se levantó–. Se me ha ocurrido que podríamos encontrara algo allí de lo de Feenegreé.

   Anne fue la primera en ofrecerse a ir, que descubrieran que significaba eso le importaba mucho más que a los demás. Después de todo… a ella le habían arruinado el destino ¿o no? Solo la habían metido en una guerra en la que no quería participar y le habían quitado el anonimato en su sociedad, Anne odiaba la atención.

   Se dirigieron a la biblioteca en silencio, un lugar donde, el año anterior, habían intentado terminar toda las tareas que les dejaban. En cuanto llegaron, Liza se dirigió a la estantería donde reposaba la Enciclopedia Mágica Completa, un libro que las había salvado de apuros tiempo atrás, pero ahora Anne se cuestionaba si Feenegreé aparecería allí. No estaba totalmente segura, Feenegreé no había aparecido en ninguna parte, y no aparecería, Anne tenía un vago presentimiento de eso.

   Liza tomo el tomo de la ‘F’ y se puso a buscar en silencio, mientras Anne iba y venía por las estanterías buscando algo sobre maldiciones o cosas que se le parecieran. No encontró nada, hasta que Liza lanzó un grito ahogado y Anne acudió para ver que había encontrado. La palabra Feenegreé no, por supuesto.

   –¡Mira! –exclamó y le tendió el tomo–, no es la palabra que buscas, pero es otra muy parecida: Feene.

   Anne tomo el diccionario y leyó justo donde Liza había puesto el dedo.

   Fenne: Adivina española (Madrid 1005 – Madrid 1040), de la gran dinastía de los Nimmens, que se extinguió con ella. Adivina experimentada y capaz de ver más de mil años en el futuro, vendía su información a un precio exuberante y tuvo tratos con Wilfred Sharodde y su esposa, a quienes vendió abundante información. Tiene un gran papel en la mitología mágica. Murió en Madrid, en la mansión de sus padres, sin haberse casado nunca, a los treinta y cinco años.

   –No ayuda en mucho –comento Anne–, pero una referencia a esa palabra es mejor que nada. ¿Un papel en la mitología?

   –Eso dice –respondió Liza.

   –Me perece que he tenido una referencia frente a las narices –comento Anne, meditabunda.

   Y sin pensárselo dos veces salió de allí, a buscar ese libro que le Había hablado de Dune cuando lo necesitaba, ese de Mitos Mágicos.

Capitulo 2: Entrada

   Y llego el día de regreso al instituto, Annie había hecho maletas, Andrea había metido los últimos libros en la maleta y Anne se había preparado para ser el centro de atención una vez más, pues desde el “secuestro” la gente no dejaba de molestarla, los últimos días del curso pasado se había convertido en rutina que la gente la abordara en los pasillos para obtener la historia del “rapto”, sobre la que Anne no había soltado una sola palabra, ni a la reportera del periódico que se había colado en el instituto para hacerle una entrevista, ni los estudiantes curiosos, ni a los profesores, solamente se lo había dicho a sus amigas, Liza, Renée, Paulette, William, Clara y Vet, y a la directora del instituto, Bathilda Morag.

   –Apúrense, no pueden llegar tarde. – eEra la frase tradicional de la Señora Garrew para estos asuntos, en especial si llevaban ya unos cuantos minutos de retraso.

   –Si tía, enseguida bajo. –La voz de Annie se oyó en el piso de arriba–. Olvide algo.

   –¡Ay! Cuanto se tarda esa chica –se quejó Sophie Garrew–. ¡Y cuantas cosas carga!

   Annie había bajado unos minutos mas tarde y se habían dirigido al aeropuerto para tomar el avión.

   Annie se había ido con Andrea a buscar a Clara y Anne se había quedado sola para buscar asiento.

   –Hola, te extrañe este verano. –Will apareció justo donde se había sentado Anne–. ¿Puedo sentarme?

   Anne sonrió.

   –Claro, mis amigas me mataran por no sentarme con ellas, pero la verdad no me importa.

   Will correspondió a esa sonrisa y se deslizo en el asiento.

   –¿Qué hiciste el verano? –pregunto él.

   –Nada, casi, no salimos de vacaciones y… –dudó–, los últimos diez días me la pase investigando sobre una tontería. No encontré nada.

   –¿Sobre qué? –preguntó Will, curioso–. No me importa que sea una tontería –aseguró.

   –.Feenegreé. La palabra Feenegreé –respondió ella.

   Will la miró.

   –¿Y como es que decidiste investigar sobre eso?

   –Vet me lo pidió, cree que “ella” planea algo con respecto a esa palabra.

   –Ah… ¿No quieres hablar de ello verdad? –pregunto Will, mirándola atentamente.

   –¿Cómo lo notaste? –preguntó Anne–. Si, es cierto, no quiero hablar de eso. No me sienta bien pensar en “ella”.

   –Te observo –respondió él como si eso fuera obvio–, muchas veces lo que piensas respecto algo… se te nota.

   –Ah, no sabía que mi mente estuviera tan expuesta –comento ella, sin darle importancia.

   –Bien –respondió Will estudiándola de nuevo atentamente–, ¿quieres hablar de otra cosa? Pareces tensa hoy.

   –La verdad es que si –dijo Anne, a regañadientes–; es que, si es cierto que ella planea hacer algo con esa palabra, si es un conjuro, una poción, etcétera, estamos perdidos, porque no hay ninguna información acerca de eso, nos deja sobre una pista muerta. Y eso es muy frustante.

   –Tranquila Anne, no sólo te tienes que preocupar por lo que ella planee o deje de planear. No puedes dejar que tu vida esta controlada por ese miedo permanente.

   –Lo se, Will, pero su único obstáculo entre el dominio de toda la comunidad mágica y su fracaso, soy yo. Sólo yo. Porque todo el mundo se concentra en mi, es a mi a quien proteger, si yo caigo, ella sabe que el propósito de mis protectores caerá y se sumirán en el caos, y se hará con el dominio absoluto. Ya no habrá nada que hacer. Todas las esperanzas están depositadas en mí… y yo sola tengo que hacerlo. Mucha gente no está dispuesta a arriesgar su pellejo en esta guerra.

   –No es una mala teoría.

   –No es solo una teoría, es la verdad.

   –Si, tienes razón, pero no te preocupes solo por lo que ella haga o deje de hacer.

   –Esa es sólo la más grande de mis preocupaciones, están los chismes, las habladurías; nadie sabe casi nada, pero les gusta especular. Y dicen tonterías. Y mientras yo tengo infinidad de problemas. No tienen en cuenta lo que siento, Will.

   –Habladurías…, ¿cómo lo de Vet Belby? –pregunto Will.

   –Si, como eso. No conocen a Vet, pero por ser hija de quien es piensan que es mala o que seguirá el camino de su madre, o que nos espía o simplemente no confían en ella. La situación es tan desesperante que necesitan algo maligno contra lo cual descargarse.

   –Si, Anne, en todo eso has tenido razón, pero ¿como es que sabes tantas cosas?

   –Escucho y pienso. Ah, y también observo.

   Y últimamente lo hacia mucho, sacaba teorías que a veces se iban confirmando, otras sobre Tultonisos, lo que fuera, solo aferrarse a algo en lo que descargar su ira sobre el destino. A Anne no le hacia ni pizca de gracia la idea de que fuera la única capaz de acabar con Tultonisos, de que su destino la obligara a salvar al mundo, ahora solo quería una vida normal, en el anonimato. Y eso no era posible, dadas las circunstancias.

   –Hacer esas tres cosas es una buena técnica –comento Will–; pero no es lo único que puedes hacer.

   –¿Qué mas puedo hacer? –pregunto Anne entonces–. ¿Mirar como todo se sume en el caos y después sumirme yo también?

   –Puedes intentar olvidar, sólo por algunos momentos, pero puedes intentar olvidar lo que hay a tu alrededor. Relajarte un tiempo, aunque después el estrés vuelva.

   –Es un buena alternativa, pero en este momento, simplemente me siento incapaz de olvidar que una asesina sádica planea matarme para hacerse con el control del mundo.

   –Cierto, puede ser difícil, pero algún día lo puedes intentar, veras como funciona.

   –Algún día lo haré –prometió Anne–, pero hoy no, hoy todo empezara de nuevo y necesito estar despierta, necesito saber que es lo que la gente piensa y si intento olvidarme de todo no creo que me de cuenta de algo importante.

   Will asintió, de acuerdo con Anne.

   –Hoy no.

   El viaje al instituto fue sin más, nada demasiado importante ocurrió en esos momentos.

   Cuando llegaron y sus amigas los localizaron.

   –¡Anne! ¡Will! –grito Liza entre la multitud, con un niño más pequeño pegado a ella–. Los estuvimos buscando ¿Qué tal sus vacaciones?

   Renée abrazo a ambos, tría a una niña menor con ella, era su hermana Wendy.

   Paulette los saludos con la mano pues la multitud de gente la arrastraba hacia otro lado.

   Clara iba con Andrea y con Annie, les hizo también un gesto.

   Se encontraron a Vet con una chica de primero, era pelirroja, de piel blanca y muy chiquita, parecía una niña menor.

   –Se llama Celia Reffield, sus compañeros la… bueno, la rechazaron, así que se sentó alado de mi –explicó Vet cuando Anne miro a la chiquilla–. Vamos a buscar carreta.

   Ane titubeo.

   –Quería ir con Liza y las demás.

   Vet la miro.

   –Las veras durante la cena, de todas maneras McDougal las subió a un carruaje con la hermana de Renée –explico Vet–. Alegaron que querían esperarte, pero la profesora no quería oír ni pio, ya sabes como es. –Vet sonrió, como si el que la sociedad la hubiera colocado en el antagonismo no le hubiera afectado.

   –Vamos a buscar carreta –aceptó Anne, sonriendo.

   La gente no había olvidado lo que se había escrito en el periódico sobre Vet en junio, así que todavía le dirigían miradas cargadas de odio, pero eso no le importo a Anne; estaba con sus amigos, aunque solo fuera una parte de ellos, y era feliz. Por lo menos en ese momento.

Capitulo 1: Enigma

   –Toc, toc –pregunto Anne, parada frente a la puerta del cuarto de su hermana–. ¿Se puede?

   Una voz sonó de adentro.

    –Si, claro, pasa.

  Anne encontró a su hermana tal y como esperaba, sentada en la cama, examinándose frente a un espejo, desde que había quedado más pálida y más fría hacía eso bastante seguido.

   –No te ves tan mal – comento Anne.

   –Ya ni se como me veo, Anne –contesto ella–. Sólo se que es extraño y que es causa de una maldición. ¿Para que has venido?

   –Bueno, Annie escribió –empezó Anne.

   –¿Y?, si vienes a mencionármelo no creo que sean una simple carta de cortesía, ¿qué es? –Andrea no despego la mirada del espejo.

   –Vale, según ella le paso lo mejor en su vida. La mandan de intercambio al instituto y viene a pasar los diez días que quedan antes de que entremos a clase de nuevo.

   –¿Y?

   –Bueno, que la lechuza se perdió, y llegó hasta hoy. La fecha de hoy es en la que Annie dice que vendrá.

   –Ah. –Andrea parecía más interesada en el espejo– ¿Con quién dormirá?

   –Lo veremos al rato. Eso dijo Mamá.

   –Bien.

   –¿Ocurre algo, Andrea? –pregunto Anne–. No has dejado de hablarme en monosílabos.

   –No… bueno si, pienso en ella. En lo que pude hacer, ante ella estamos indefensas.

   –Yo no, sólo ustedes –preciso Anne.

   –Anne, se que a ti no puede matarte, pero ¿Sabes que hay muchas más formas de lastimarte y causarte dolor? Son muchas, Anne, y matar a tu familia, a tus amigas y a personas que quieres.

   Anne no pudo evitar pensar en Will, últimamente lo hacia a menudo, pero la verdad de las palabras de Andrea puedo más.

   –Lo se –dijo ella– y estoy asustada, no sabes cuanto… Y no solo por mí.

   –Se lo que es estar asustada, Anne. Lo se perfectamente. Conozco lo que es ver como una maldición asesina se dirige a ti y tú no puedas hacer nada… sabes que vas a morir. A ti no hay nada que pueda salvarte… y, sin embargo y contra todo pronóstico, acabas viva.

   – Bueno, dejemos ese tema, es… deprimente –concluyo Anne.

   El timbre de la puerta sonó en ese momento.

   –Es Annie, no creí que llegara tan temprano –dijo Andrea y salió corriendo de la habitación, Anne se apresuro a seguirla.

   Sophie Garrew había abierto la puerta tan y Annie estaba entrando, traía una maleta con ropa y otra con todas las cosas del colegio.

   –Hola a todos  dijo en forma de saludo cuando entró–. Mi madre insistió en que viniera justo después de desayunar.

   –Bienvenida Annie –dijo James Garrew.

   –He pensado que podrías que darte con el cuarto de Andrea –menciono la madre de Anne–; ella dormiría con Anne, ¿qué te parece?

   –Bien. Nada mal. –Sonrió.

   Solo Andrea se quejo.

   –¿No podrías darle mejor el cuarto de Anne?

   –El de Anne es mas grade para dos.

   –Bien, no quiero ser molestia –dijo Annie, apenada– solo vine a pasar estos días por lo del intercambio al instituto.

   A partir de entonces todo fue bien, Annie se acoplo a la vida en la casa y aprendió a no hacerle preguntas a Andrea sobre su aspecto.

   –¿Por qué no le gusta? –le pregunto a Anne una vez.

   –Creo que le recuerda horribles cosas, lo que no sabe es que para mi eso fue mas horrible y triste.

   Annie no le saco más información al respecto, pues aunque sabía que Anne, Andrea y otra chica habían sido secuestradas, las tres se habían negado a dar datos respecto a eso, solo un puñado de personas lo sabía.

   Annie era una ignorante del asunto hasta que llego la carta, aunque por medio de ella no se entero de nada demasiado importante o comprometedor.

   Legó un mañana y tenia el nombre de Anne con una caligrafía que no olvidaría jamás.

   Vet.

Querida Anne:

   Se que tiene planes.

   No se cuales son, obviamente, pero tengo una ligera sospecha, y si es lo que pienso, atañe a todo el mundo.

   Hace poco paso por aquí (o sea la casa toward donde paso las vacaciones de verano) no sabe que la vi y oí una palabra de lo que dijo.

   “Feenegreé” fue la única palabra que alcance a oír, se que no vino por mi a esta colonia, pero se que algo relacionado con esa palabra no es bueno.

   Intenta averiguar su significado, Anne. Lamento hacerte trabajar.

Vet.

   –Andrea ¿Estas segura de que no hay nada? –pregunto Anne por enésima vez.

   –Ni siquiera una tonta leyenda toward para darnos la idea de lo que buscamos… estamos perdidas, Anne –respondió esta volviendo a centrarse en la computadora.

   Anne vio a su hermana navegar por el Internet incansablemente, pero ese nombre no figuraba en las listas de resultados.

   –Nada –dijo Andrea, rindiéndose.

   Annie entro en ese preciso momento a la habitación y ninguna de las dos hermanas logro impedir que viera lo que estaban buscando.

   –¿Feenegreé? – pregunto, mirando a la pantalla.

   –Si, es eso lo que escribí –dijo Andrea sarcásticamente–. No me equivoque.

   –¿Que es eso? –preguntó Annie.

   –Es lo que estamos intentando averiguar, por lo menos que significa –contesto Anne.

   –Bueno. –Annie salió de allí, sin una palabra más, visiblemente menos interesada de cómo había entrado.

   No averiguaron ni una sola palabra sobre Feenegreé, ni esa tarde, ni la que siguió, ni el resto de la semana, no había nada en la red, en la biblioteca local, en la librería del pueblo, en ningún lugar estaba escrita esa palabra.

   –Tendremos que esperar a entrar al colegio, en la Biblioteca debe de haber algo –se rindió Andrea después de una semana de intensa búsqueda.

   Anne lo intento dos días mas, antes de darse cuenta de que era imposible encontrar algo, decidió, pues, que era mejor esperar.

   –¿Tuviste suerte en tus pesquisas? –pregunto Annie aquella tarde.

   –No, tendré que esperar a que el colegio empiece.

   –Ah, bueno –contesto ella mientras se volvía a sumergir en su computadora portátil.

   Annie siempre llevaba computadora portátil a todas partes, aunque en la comunidad mágica esos aparatos no fueran tan usuales, pues en los Liceos no les permitían usarla y los adultos casi no estaban acostumbrados a usarlas.

   –¿Qué tanto haces? –pregunto Anne, intentando asomarse a la pantalla de la Laptop de Annie.

   –Escribirle a Stephen –contesto ella–, mi novio.

   –¿Y Eric? ¿Qué paso con el? –pregunto Anne.

   –Ah… ese, lo pille besándose con otra chica –contesto Annie distraídamente–. Cortamos la momento… bueno, fue después de los gritos que le pegue.

   –Bien. –Annie parecía tan impaciente por terminar su carta que Anne decidió no molestarla más.

   Y por ese entonces no sabía que la palabra “Feenegreé” la molestaría por mucho tiempo más.

La Maldición de Feenegreé

Esto es para dos partes...
De mi familia, Diana y Teté,
que me mostraron muchas cosas
y del foro...
a Ignacio, a Karen, a Moogle, a Lily, a Drew, a Moogle, a Chrstine...
a todos los que me faltaron,
y probablemente tambien a Ilidan...

Esto es la segunda parte, todavia no tengo al Sinopsis, pero tan pronto la haga, la publicare.

Capitulo 22: Felicidad

   Sophie Garrew la abrazo y se puso a sollozar, James Garrew la miro con sorpresa, pero su reacción de alegría no se hizo esperar. La única que se quedo helada Fue Anne, Vet se sorprendió, pero enseguida volvió a centrar sus pensamientos en lo que a ella le angustiaba.

   –¿Qué ocurrió? –pregunto Anne, incapaz ya de contenerse–. Se supone que estabas…

   –¿… muerta? –completo Andrea–. Yo también lo pensé, cuando el rayo me golpeo, pero aquí estoy, ¿o no?

   –Si, pero tenemos que saber que ocurrió –intervino Sophie Garrew.

   –Podemos invocar al sabio Sophie –intervino James Garrew.

   Anne miro a su madre para que le explicara a que se refería, pero nadie dijo nada. Vet también parecía confundida.

   –No será necesario –dijo una voz chillona a la vez que apareció el espíritu de un hombre bajito con una gran barba– Me presento: soy Gamynedes, mejor conocido como El Sabio. Quieren saber que ha ocurrido, a mi también me ocurrió cuando apenas era un mozuelo que corría por el valle de la granja donde vivía, estudie ese fenómeno mucho tiempo, y hoy puedo decir la causa por la que ha pasado. Antes de morir me prometí que cada vez que pasara esto en el mundo yo aparecería para explicarlo.

   –Bien –pregunto Andrea, bastante confundida por entonces–. ¿Qué me ha ocurrido?

   –Te dispararon una maldición Asesina ¿Me equivoco? –El sabio los miro, y ninguno contesto, estaban estupefactos ya por entonces–. No, no me equivoco –se contesto a si mismo, bien, alguien lanzo un escudo hacia ti ¿No es cierto?

   –Si, lo lance yo –contestó Anne, mirando al hombrecito atentamente.

   –Bien, y luego, antes de que se cumpliera setenta y dos horas de que habías muerto tu familia te toco ¿No es cierto? Solo me refiero a hermanos, padres o hijos.

   –Si, todos lo hicieron – dijo Vet.

   –Bien pues esas son las dos razones, el escudo y el contacto, y ahora que ya lo explique me voy.

   El espíritu desapareció como había venido.

   –Vamos con la enfermera y con Morag para explicar esto –dijo el padre de Anne–. Cuídate.

   Ambos padres salieron por la puerta de la enfermería.

   –Necesito hablar con Roger –musito Vet–. Necesito contarle todo… aunque me deje, aunque reaccione como los demás, necesito decírselo yo. –Hizo énfasis en la última palabra.

   –Lo se –la apoyo Anne.

   Se quedaron un rato en silencio, hasta que alguien los interrumpió.

   –¡Anne! –La voz de Will era inconfundible–. Liza y Paulette me dijeron que habías vuelto.

   –Si. –Anne sonrió, William bastaba parea ponerla de buen humor.

   –Me encontré a alguien que venia a verte, Vet Belby –dijo el, mirándola.

   –¿Quién es?

   –Roger Andrews.

   Vet sonrió en silencio.

   –¿Qué ocurrió? – preguntó William a Anne – ¿Por qué te paso todo esto?

   Y Anne, alentada por la mirada oscura de William empezó por el principio.

   Le conto desde el interés de había sentido por lo que Tultonisos había hecho en su casa, la profecía que le había enseñado Clara, al igual que la foto, de las platicas que había tenido con Liza y Renée sobre Tultonisos, Cuando habían apresado a Padma Bernison, los recortes de periódico que habían encontrado, pero cuando llego a la parte donde Vet las citaba, Anne paro.

   –¿Qué sigue? –pregunto Will, pero Anne haciendo caso omiso de la pregunta miro a Vet.

   –Díselo, dentro de unos minutos todo el mundo lo sabrá, y prefiero que se entere por tu propia boca Anne, que por los periódicos.

   Y Anne siguió, conto la historia de Vet, lo que la line le había dicho, lo que la segunda line también les había revelado, lo que había encontrado en el cementerio, cuando se conocieron, lo del secuestro, y todo lo que había pasado, también lo de Andrea, lo de El Sabio y paro hasta que termino.

   –Vaya. –Will se había quedado sin palabras.

   –Lo se –dijo Anne, comprensiva.

   Un chico entro por la puerta de la enfermería, era evidente que era Roger Andrews, era alto y se encamino directamente a la cama de Vet.

   – Hola –dijo.

   –Tenemos que hablar –dijo Vet.

   Roger solo se mostro confundido, pero no dijo nada mas y asintió.

   –Deja que arreglen sus cosas –le dijo Anne a William, que esperaba oír–. Es algo que tienen que hacer solos.

   –Han hecho muchas insinuaciones en el periódico, el de hoy no parece alentador, no lo he leído, pero he visto el nombre de esa chica en el titular, solo de pasada.

   –Lo que acaban de publicar le afectara a Vet mucho. Sólo nos lo dijo a mi y a Andrea, ahora se lo dirá a Roger y me permitió que te lo dijera a ti, porque comprendió que es mas sencillo enterarse de algo por la boca de uno, que por los periódicos.

   –Comprendo. –William se había sentado en la cama–. Pensé en ti –admitió.

   –Yo también. –Anne se ruborizo.

   –Fue extraño, solo pensé en ti, ni en tu hermana, ni en ella –señalo a Vet–. Fue extraño –repitió.

   William tomo la mano de Anne, y ambos se miraron, no dijeron nada, solo se quedaron en silencio y sonrieron, comprendiendo que aquello iba más allá de la amistad.

   Su silencio fue interrumpido poco después.

   –Vet ¿es por eso? No me importa quienes son tus padres, solo me importa quien eres tú, nada mas. Además se que no eres capaz de seguir en contacto con ella o con tu padre.

   –Gracias Roger. –Vet sonaba feliz, como Anne supuso que estaría después de las palabras de Roger.

   Will seguía tomando su mano, mirándola.

   –Te extrañe –dijo–, nunca me había pasado algo así, mas que con mi padre, creí que no te volvería a ver.

   –Yo también, yo también.

   El corazón de Anne se acelero.

   –Descubrí que me pasaba el rato pensando en ti, que extrañaba tu oscura mirada y tu sonrisa.

   –En eso yo no pensé, Will, solo que quería… –Anne sintió que se ruborizaba–. quería volverte a ver.

   William también se había sonrojado.

   En ese momento el hechizo que había entre los dos se desintegro, porque entro la profesora Morag, tan rápido como le permitían sus piernas hacía la cama de Andrea, ella había vuelto a cerrar las cortinas, pero Morag las descorrió y comprobó, que, en efecto, Andrea seguía viva.

   –Gracias a los cielos –musito.

   Roger aun no se había marchado, miraba a Vet, mientras que ella le correspondía la mirada en silencio, sin una palabra, se decían todo lo que sentían por el otro.

   Will soltó la mano de Anne en cuanto Morag se fijo en ellos. Anne deseo que eso no hubiera pasado nunca. Que el mundo se hubiera congelado y ellos hubieran seguido hablando por siempre. Pero aquello no era posible.

   –Bien, lamento interrumpir este momento. –Morag hablaba como si no lo lamentara en absoluto–. Pero, ¿no se supone que, señor Andrews y señor Grant, deberían estar desayunando, para luego ir a clases? ¡No tienen permiso de estar aquí!

   –Si, profesora. –Roger fue el primero en reaccionar y se dirigió a la puerta de la enfermería.

   William miro a Anne antes de encaminarse a la puerta.

   –Vendrás luego ¿no? –pregunto ella.

   –Cuando tú quieras –respondió con una sonrisa en los labios.

   –Bien, iré a decirle esto a la enfermera… –dijo la profesora.

   Cuando Morag desapareció tras la perta del laboratorio de la enfermera Vet protestó:

   –Si nada más venia a correr esas cortinas, ¿también tenia que correr a Roger y a Will? –se quejó, en voz bastante alta.

   Anne la entendió.

   El día paso, Liza, Paulette y Renée aparecieron por allí tras haber leído el periódico a ver si lo que decía era cierto, hablaron la mayor parte del tiempo con Vet, llego la noche y con ello parecía que acababa la pesadilla de Anne, de Andrea y de Vet.

   Las dejaron salir dos días después, la enfermera solo le había advertido una cosa.

   –Serás más pálida que lo habitual y tu temperatura también mas baja, pero nada parecido a un cadáver… o a un vampiro.

   A Andrea aquello no le hizo gracias, y si, cuando las tres llegaron al comedor juntas al día siguiente, la gente se acercaba a Anne para preguntarle de lo ocurrido, preguntaban a Andrea por su nuevo aspecto y miraban a Vet con odio y repugnancia en la mayoría de los casos. Todo había cambiado, aunque sólo en la superficie; aquel seguía siendo el mismo lugar de siempre… con la gente de siempre.

   –No me importa, ya sabía que pasaría esto –musitó.

   En la mesa las recibieron Liza, Paulette, Renée, Clara, William –para sorpresa de Anne– y Roger.

   Los que no habían oído la historia exigían oírla, Anne les indico que esperaran.

   –No puedo contarla en pleno Comedor –se justificó.

   Los demás entendieron.

   –¿Sabes algo que pasara? ¿Intuyes algo? –había preguntado Clara.

   –Si, se que pasará –había respondido Anne–. Se que esto no me ayudara a plantarle cara cuando llegue el momento indicado, pero es algo que ya esta pasando. Entré aquí, al instituto, sin saber que era especial, y ahora, salgo siendo la designada de una profecía que podrá derrotar a una dune, se que de ahora en adelante, todo, para mi, será muy diferente.

Capitulo 23: Final

   Después de que todo se rompiera, de que el odio de Anne quedara liberado. Ella sintió a Vet a su lado.

   –Lo siento –dijo con voz quebrada.

    Anne se quedo allí aturdida y Vet la rodeo con los brazos, se quedaron así largo rato, derramando lagrimas en silencio.

   –Mejor que nos vayamos –dijo Vet.

   Anne asintió en silencio, no tenía fuerzas para hablar.

   Vet se acerco a la esquina en donde descansaba el cuerpo de Andrea e intento levantarlo, Anne, al ver lo que se proponía fue a ayudarle, entre las dos cargaron el cuerpo de Andrea y salieron de aquella sala que les dejaba a ambas recuerdos aterradores.

   Vet lloraba en silencio, igual que Anne, ninguna de las dos hablaba mientras salían de allí recorrieron pasillos y corredores, ambas tenían puesta la ropa con la que se habían ido a dormir antes de que las secuestraran y en ese momento mostraban un aspecto lamentable.

   Vet camino por infinidad de pasillos hasta que después de lo que a Anne le parecieron horas y llegaron a la sala por donde habían entrado, ambas estaban muy cansadas para entonces y se quedaron un momento allí, pero la sala les traía malos recuerdos.

   –¿Qué planeabas? –pregunto Vet de repente–. Pronunciando la letanía, digo.

   –Distraerla, la Magia Salida de Ninguna Parte no funcionaria, y eso la dejaría… bueno, no lo se, solo contaba con que nos diera tiempo de salir huyendo de allí.

   –No era un mal plan.

   –No –acepto Anne–; pero no previne que reaccionaria lanzando maldiciones a todas partes.

   –Yo tampoco –dijo Vet y se quedo en silencio– Vámonos.

   Volvieron a cargara Andrea que estaba ya pálida y se comenzaba a enfriar, empezaron a subir las escaleras.

   –Se porque reacciono así –dijo Vet de repente.

   –¿Y? –pregunto Anne, que quería una repuesta.

   –Te tiene miedo –soltó. Al ver la expresión perpleja de Anne, Vet se apresuro a explicarse–: Nunca ha tenido un enemigo de este tipo, marcado por una profecía, y que además estuviera dispuesto a aceptar su destino, como tu. Cuentas con mi apoyo, que se todo sobre ella, y principalmente, sus puntos débiles, te puedo dar información sobre ella. Tienes una gran potencial, Anne, aunque aun no lo sepas, y tienes posibilidades de ganarle cuando estés preparada. Nunca, nunca, se había topado con alguien como tu.

   Anne no creía eso, simplemente era una principiante. Caminaron largo rato en silencio de nuevo, hasta que llegaron a la trampilla y pudieron salir al Instituto. Depositaron el cuerpo de Andrea en el suelo.

   –Aun es de madrugada –musito Vet–. Iré a ver a Morag, no te separes que aquí, espera. –Saco su varita y apunto a la trampilla–. Pedra Dua –La trampilla se convirtió en piedra–: Ya no podrán pasar por aquí, quédate aquí Anne. Voy al despacho de Morag.

   Cuando Anne se quedo sola una oleada de emociones se extendió sobre ella, en donde la tristeza y la desesperación dominaban su cerebro.

   Al poco rato regreso Vet la con la profesora Morag, que venia con los ojos desorbitados, era evidente que Vet no le había contado nada, pero el solo hecho de volver a ver a las tres desaparecidas era ya impresionante.

   –¿Qué ocurrió? –pregunto antes de fijarse en Andrea, cuando lo hizo corrió hacia ella y la miro–. ¿Es su hermana, señorita Garrew? –pregunto a Anne.

   –Si, Tultonisos le disparo.

   –Oh, por dios, la comunidad mágica tomara esto como una amenaza. Cuenten todo lo que paso –exigió la directora.

   –Fue por la noche… –empezó Anne.

   –Lo hare yo –dijo Vet y empezó a contar todo, Anne se lo agradeció infinitamente, pues no creía ser capaz de rememorar todo lo ocurrido.

   Vet lo dijo todo, sin saltarse ni una coma, para cuando termino, ya había amanecido definitivamente.

   –Esto es una mala señal, debemos llamar a la doctora, para que lleve el cadáver de tu hermana a la enfermería antes de avisar a tus padres, han estado desquiciados estos días. Lamento que esto los afecte aun más.

   Se volvieron a quedar en silencio, un silencio torturado por el dolor.

   –Bien, llamare a la enfermera –saco su varita y efectuó un hechizo, a los pocos minutos la enfermera estaba allí.

   –¿Profesora Bathilda? –dijo antes de pasear la mirada por la sala, al fijarse en Anne, en Vet y en Andrea, su cara hizo una mueca de horror–. Hay que llevarlas a la enfermería – musito en voz baja.

   La enfermería era una estancia grande, de paredes blancas y con camas en los dos extremos, algunas estaban ocupadas. Anne las miro.

   –El partido de Greenovovii Hallow-Sharodde –dijo la enfermera–. Masacraron a los Hallow, que se les ocurrió jugar sin cazador ¿Es alguna de ustedes?

   –Si, soy yo –respondió Anne, que intentaba llenar su cabeza con trivialidades para evitar el dolor de la perdida.

   –Pues bien, jugar Greenovovii sin cazador es una misión suicida, cuatro jugadores están aquí.

   Anne asintió.

   –Bien, Profesora, coloque el cuerpo en esa cama, ustedes dos, en las siguientes –indico.

   –Llamare a sus padres, para darles la mala noticia. –Bathilda Morag se retiro después de eso.

   –Duérmanse un rato –ordeno la enfermera–, en la mañana empezara a llegar gente y se darán cuenta de que están aquí, luego se publicara la noticia y no los dejaran dormir.

   Sin embargo Anne no concilio el sueño, cosa que deseaba, por la mañana fue el caos, La chica que Anne tenia alado despertó y no tardo ni medio segundo en darse cuenta de quien estaba ocupando la cama contigua, la chica era de noveno grado, estaba en el equipo de Greenovovii de Hallow y se llamaba Betty Adams, Anne la había visto en los entrenamientos, además era la capitana del equipo.

    –¡Anne Garrew! –exclamó–. ¿Eres Anne Garrew?

   Anne se temía eso.

    –Si, soy yo.

    –La noticia salió en los periódicos, tú, tu hermana, y Vet Belby desaparecieron la noche pasada… No se para que lo repito, ¿Qué ocurrió?

    – Pregunta todo menos eso –respondió Anne de malhumor.

    –Bueno – Betty parecía decepcionada–. ¿Es cierta la teoría? ¿La de que Tultonisos fue la responsable?

   –Si.

   –¿Qué mas paso?

   –Betty, no quiero decir nada en este momento. No te sientas mal. Fue horrible.

   –Lo siento, debí suponerlo.

   Betty se quedo callada en ese momento, solo miraba a Anne de reojo algunas veces, cuando creía que ella no se daba cuenta.

   –¡Anne! –La voz de Liza llego de la puerta de la enfermería–. Morag nos dijo que estabas aquí. Nos dio permiso para venir si nos marchábamos antes de que terminara el desayuno.

    Liza apareció flanqueada de Renée y Paulette.

   –Se lo hemos contado a Will, se ha alegrado –menciono Paulette.

   –Bueno, Morga no soltó ni una palabra –dijo Renée, por ultimo–. ¿Quieres decirnos porque estaba tan alterada?

   Anne suspiro y despertó a Vet.

   –¿Deberíamos decírselos? –pregunto sabiendo que Vet entendería.

   –Supongo que no será malo –dijo esta, despabilándose de pronto.

   –Miren la cama de allá. –Anne señalo la cama donde descansaba el cuerpo de Andrea.

   Liza, y Renée se aproximaron, Paulette Miro a Anne a los ojos por largo rato. Finalmente  hablo.

    –No se que estés pasando Anne, pero se te nota en los ojos.

    –Eres buen descifrando expresiones – comentó Anne.

    –Siempre lo he sido –dijo antes de encaminarse hacia Liza y Renée, que la esperaban para abrir las cortinas de esa cama.

    –Bien veamos eso que ahí allí –concluyo Liza un segundo antes de jalar la cortina y ver a Andrea allí tendida. A las tres se les escapo un grito ahogado.

   –¡Oh, por dios! – exclamo Renée.

   –¿Qué paso? – Paulette se había vuelto hacia Anne, sostenía a Liza que tenia cara de desmayo, miraba a Anne con una mirada de rayos-x–. Dímelo todo Anne, ¿Qué paso?

   Y Anne comenzó a contar.

   Y no paro.

   Y descubrió que el dolor no se incrementaba cuando lo contaba, sino que disminuía y ella se calmaba.

   –¿Por qué me hiciste contarlo?  pregunto cuando acabo.

   –Bueno mi abuela me dijo una vez que desahogándote, te tranquilizas. Además nos enteramos de todo.

   –Pues tu abuela tenía razón –casi gruñó Anne–. ¿Vendrá William?

   Liza sonrió.

   –Dijo que mas tarde, estaba haciendo tarea.

   –¡Anne! –¿Otra persona más?

   Sophie Garrew entro a la enfermería corriendo y se abrazo al cuerpo de Andrea, James llego después y fue junto al cadáver, lo tomo también.

   –Bien, esto es una reunión familiar, nos vamos –dijo Renée sacando a Liza de la enfermería, Paulette ya se había encaminado a la salida.

   –Lo siento mucho señores Garrew –dijo Vet con un hilo de voz.

   Sophie Garrew levanto la cabeza una poco, y miro a Vet, ella le sostuvo la mirada.

   –Supongo que esto te afectara –dijo al fin; Anne y Vet la miraron desconcertadas–. Bueno, se generaron habladurías, y Emma Evans desvelo tu secreto, saldrá en el periódico de hoy.

   Vet se derrumbo por completo.

   –No puede ser –dijo con un hilo de voz–. Necesito hablar con Roger.

   Anne, que solo había estado mirando, se levanto y le apretó una mano a Vet en señal de apoyo, esta le sonrió e agradecimiento. Luego se dirigió a la cama donde descansaba su hermana y le acaricio el cabello, tan parecido al suyo.

   El roce fue pequeño, pero basto.

   Anne sintió vida en ese cuerpo que no era capaz de albergarla.

   Andrea despertó…

   … o volvió de la muerte.

Capitulo 22: Libertad

   Todo se volvió negro, después Anne distinguió sombras que se movían y le susurraban cosas.

   –Debes regresar –le dijo una.

   –Aun puedes hacerlo –le dijo la otra.

   Y Anne deseo eso, volver a la sala y de pronto allí estaba, como si nada hubiera pasado, pero algo había cambiado, Vet estaba alado de ella, y Tultonisos estaba allí enfrente. Al ver que lo ojos de Anne se habrían de nuevo como si nada hubiera pasado Vet puso cara de sorpresa. Tultonisos al parecer sabia que iba a pasar.

   –Era cierto lo que dijiste –murmuro.

   –Lo era, hora de volver –dijo ella.

   Las volvió a encerrar en su celda poco después, Anne aun estaba pálida y Vet tenía cara de sorpresa.

   –¿Qué ocurrió? – pregunto Andrea en cuanto Tultonisos cerro la puerta – Están pálidas.

   –Que te lo explique Vet, yo no lo se –dijo Anne

   –¿Tengo que ser yo? –pregunto ella con cara aun mas pálida.

   –Si, que no le de una conmoción a mi hermana antes de que acabes.

   –Por dios Anne ¿Que paso?

   –Me dispararon una maldición asesina, se que me dio en el pecho, pero por alguna razón que desconozco, sigo viva –dijo Anne de corrido, no quería pronunciar ella esas palabras.

   –Yo si lo se –murmuro Vet.

   –Explícalo –pidió Andrea, que se había pálida de lo que había dicho Anne.

   –Bueno después de que… Bueno… le disparo a Anne la maldición asesina. –Vet estaba incomoda–; dijo que despertaría después, que no le pasaría nada, porque el momento en que las dos se deberían enfrentar era después, no en ese momento. Y dijo que estaba viva. Despertó después de más de tres horas, cuando todos se habían ido a la cama.

   –Por dios, debes de haberte desesperado Vet –dijo Andrea–. ¿Y a ti? ¿Qué te paso? –pregunto dirigiéndose a Anne.

   – Para mi fueron unos segundos, y no pienso contarles lo que me ocurrió a mi.

   Anne no quería contarles esa experiencia a las dos chica porque sentía que era algo demasiado íntimo para compartirlo con la gente.

   –Como quieras –dijo Andrea–. Vet, mejor que llevamos a cabo nuestro plan.

   –Si, mejor que formemos un circulo, ¿El piso es de tierra no?

   –Si – dijo Andrea.

  Vet se puso a trazar runas en el suelo formando un círculo, todas era muy simples, runas para principiantes, que Anne había aprendido a leer ya.

   –Empiezan por esta – dijo Vet señalando una runa en el circulo, – hacia la derecha.

   Las tres se tomaron de las manos y empezaron a recitar.

   Darelen aporsayo galiment dou quo yanelim wensaliomow jared benisomio sheere benegra mandunioms jassera gluozu id quo darelen aporsayo galiment sea quo yanelim wensaliomow jared benisomio sheere benegra finde quo mandunioms jassera gluozu – dijeron al unisonó, concentrando todas sus energías en la tarea.

   No tardo en oírse el primer chillido y la primera explosión, se concentraron en no romper el círculo a pesar de lo débiles que estaban, permanecieron así lo que le parecieron horas a Anne. Vet aguzaba el oído para que se oyera es cuanto se rompieran todos los hechizos que le habían puesto en la puerta.

   –Andrea… resiste, resiste –dijo Anne es un murmullo, al ver que su hermana estaba a punto de desmayarse.

   –No sueltes el círculo aunque se desmaye Andrea –le indico Vet.

   Siguieron allí agarradas mas tiempo, Andrea estaba pálida, Anne trato de pasarle la poca energía que tenia, Vet hacia lo mismo. Entonces Anne recordó a Will, no supo porque pero ese rostro le vino a la mente antes que cualquier otro, y no supo el significado de eso.

   –Listo –susurro Vet cuando la puerta se abrió sigilosamente–; salgamos.

   –No puedo Vet –susurro Andrea como pudo–, estoy muy débil.

   –Yo aun tengo energía, agárrate a mi mano– le indico Vet.

   Andrea lo hizo y Anne vio como Vet pasaba energías a Andrea, como Andrea recuperaba el color y la fuerza.

   –Creo que ya –dijo Vet–. No hagas hechizos –le ordeno a Andrea–; se te acabará la energía de nuevo.

   –¿Dónde están la varitas? – preguntó Anne, le urgía salir de allí.

   –En la sala –indico Vet–. Esto es un laberinto, así que intenta recordar por donde nos llevaron. Yo se me mas o menos el recorrido.

  Salieron al pasillo y vieron a los dos guardias en el piso, desmayados.

   –Se quedaran así hasta amañan a o pasado, si es que nadie los despierta con un hechizo.

   –Pues que no los despierten

   Caminaron por le laberinto de pasillos, Vet las guiaba mas o menos, pero no pudieron evitar perderse varias veces por aquel enmarañado lugar. Vieron cuerpos regados por el suelo, incluidos el de Sally y de Padma, pero no vieron el de Tultonisos por ninguna parte.

   –Supongo que estaba en cama – dijo Vet, algo convencida de lo  que decía.

   –Me urge salir de aquí – dijo Anne.

   –No hables tan alto –murmuro Vet–. A la mejor no todos fueron alcanzados por un rayo.

   Andrea caminaba rezagada, no hablaba, Anne suponía que estaba cansada, así que no la hizo perder más energía, pues Andrea solo se mantenía en pie por la poca energía que Vet le había proporcionado.

   La memoria fotográfica de su guía no evito que se perdieran y al final fueran a dar a una sala extremadamente grande con columnas, estaba llena de vitrinas de cristal completamente vacías. Se dedicaron a recorrer la sala, de punta a punta durante un buen rato, en la última vitrina vislumbraron que había cinco varitas.

   –Pueden ser nuestras –murmuro Vet y las tomo, y examino un buen rato, al final tomo una–. Esta en la mía. –Las varitas que quedaban se las paso a Andrea, que las examino y se quedo con una.

   –Esta es tuya Anne –dijo pasándole una.

   –Gracias –respondió ella.

   Anne examinaba la sala, parecía la parte central de aquel laberinto de pasillos y puertas, que ante aquella sala cobraba sentido.

   –Vaya, vaya – Tultonisos acababa de entrar a la sala–. Mi intuición fue correcta –hablaba con voz seca y sin ninguna entonación.

   –Hizo el contra-hechizo –murmuro Vet.

   Anne pensó en las opciones que les quedaban para salir vivas de allí, y de repente aparecía una chispa de intuición en su cerebro que le dijo que podía hacer, lo que convocaba a la magia de ninguna parte era una letanía en runas, no un hechizo. Así que si ella se apresuraba con otra letanía, tal vez…

   Trato de no hacerse ilusiones, por lo que solo le dijo a Vet:

   –Distráela.

   Tultonisos había empezado a invocar la magia de ninguna parte, y Anne se retiro a una de las esquinas del salón y empezó a recitar:

   –Do quo salum balem exitanrion salgin siobham ing quo sabera si lo lun selinow qarim darimig du quo lains ecs vein pordali mnesmesis kilando gi quo.

   No era una letanía tan larga como la que invocaba a la magia de ninguna parte, era, mas bien, muy corta comparada con esa.

   Tultonisos termino después, pero su letanía no dio efecto, Anne había logrado lo que quería, que la magia de ninguna parte nunca más volviera a ser invocada de ninguna forma.

   Anne Tultonisos, al verse en desventaja empezó a lanzar hechizos a diestra y siniestra.

   Gereneida Mactoumus –grito en un determinado momento, Vet se aparto bruscamente de la trayectoria de hechizo, Anne muro hacia donde se dirigía se quedo helada hacía la esquina del cuarto donde estaba refugiada Andrea, que era incapaz de moverse.

   Escudo –grito con todas sus fuerzas, pero le quedaban pocas energías y era incapaz de detener un hechizo tan fuerte.

   El rayo que le pego a Andrea, sin ninguna interferencia.

   La magia que Anne retenía dentro de ella, las pocas energías que le quedaban salieron de ella salieron en forma de rayos blancos que rompieron y abatieron todo lo que pudieron, la furia de ella era grande. No contenta con arrancarle la posibilidad de escoger su futuro, le había arrebatado a sus dos hermanas. Tultonisos merecía todo su odio.

Capitulo 21: Muerte

   Andrea despertó horas después de que las encerraran, Anne simplemente se había quedado sentada en una de las camas, sin decir nada, pues sabia, que por Tultonisos podían pasarse allí el resto de su vida.

   –¿Dónde estamos? –pregunto Andrea mirando a su alrededor.

   –En la guarida de mi madre, rodeadas de todos sus secuaces.

   –Vaya –Andrea no se inmuto, simplemente guardo sus sentimientos dentro de si. – no debí creerle a esa mujer.

   –Yo tampoco –murmuro Anne.

   –No estés abatida –le dijo Vet acercándose a ella–.  Se que esto es muy malo –se apresuro a añadir al ver la cara de Anne–. Pero no es bueno que estés así.

   –Lo se –murmuro Anne mas para si que para Andrea y Vet.

   –He pensado como podríamos escapar – dijo Vet con una sonrisa.

  A Anne se le ilumino el rostro, en las ultimas horas había pasado intentado imaginar un plan de escape, pero ninguno parecía posible, además, no tenían varita.

   –Se que parecerá disparatado, pero podríamos usar la magia salina de ninguna parte, es un hechizo avanzado, pero si unimos nuestras energías, lo lograremos.

   –No tenemos varita –apunto Andrea–; además, no serviría de nada, no nos liberaría.

   –Para el hechizo no se necesita varita, además solo mi madre sabe el contra-hechizo, cuando alguien caiga fulminado por un rayo, se desbarataran todos los hechizos que estén en funcionamiento, que el haya efectuado. Sally los hizo en esta puerta.

   –Suena bien, pero debemos esperara al anochecer, unas nueve horas mas –dijo Anne–, así no tendrán como protegerse.

   En ese momento tuvieron que interrumpir su conversación, pues se oían pasos detrás de la puerta.

   –Quita el hechizo –dijo la voz de Tultonisos.

   –Ya voy –dijo la voz de Sally.

    Pocos segundos después la puerta se abrió. Sally y Tultonisos aparecieron por la puerta.

   –Vet, ven, y ¿Quién rayos es Anne Garrew? –dijo Tultonisos mirando a las hermanas con ojos de hielo, mientras Vet se levantaba–. Son iguales –murmuró entre dientes.

   Anne levanto la vista inmediatamente.

   –Ven, que esperas –dijo Sally, impaciente.

   Anne se levanto y siguió a Vet, afuera de la puerta, al hacerlo se dio cuanta de que Sally Fredman estaba embarazada.

   –Intenten escapar y están muertas –les susurro Tultonisos–. Caminen. Apuntales Sally –indico y Sally se puso detrás de ellas con la varita en la mano.

   Los guio por un laberinto de pasillos que ella parecía conocer bien, en todas las esquinas había guardias, tal vez hombres que reclutaban con amenazas, Anne supuso esto cuando vio las expresiones que ponían cada vez que Tultonisos pasaba por delante de ellos.

   Al final llegaron a la sala donde habían estado, allí estaban todos los secuaces de Tultonisos, sentados alrededor de una larga mesa, Tul ocupaba la cabecera, a su derecha estaba Jack Belby, a su izquierda tenia a Padma Bernison ç, Seguida de Sally Rocherfort, Su esposo, John estaba enfrente, las dos mujeres que habían capturado a Vet a Andrea y a Anne eran las que seguían, la larga mesa estaba poblada de rostros demacrados por la larga estadía en prisión, pero que se lograban de volver a estar libres y do provocar el terror en el mundo.

   –Muchos de ustedes fueron capturados conociendo a Vet como una criatura adorable, que tenia amplias facultades para ser mi sucesora, a sus tres años ya sabia idear planes para capturar a alguien, pero el destino quizo que se arruinara, mandándole a la casa Hallow, donde, parece ser, que vio que la maldad no era el mejor camino.

Anne Tultonisos pronuncio este discurso sin interrupciones, mirando a Vet todo el tiempo.

   –Pero en los años que llevaba en el Instituto, nunca se había atrevido a desvelar su secreto, hasta que conoció a Anne Garrew, una bella señorita que la “cautivo con sus encantos” y hizo que desvelara su mas “terrible secreto”, que son su madre, cosa de la que me avergüenzo desde que se cambio por el otro bando.

   La gente se rio ante los chistes de Anne, pero solo disimuladamente, aquella parecía una reunión importante.

   –Pero lo que no imaginaba Garrew era que yo la tenía en mis propias garras, si la atrapaba, y la encerraba hasta que llegara el momento propicio para que pudiéramos enfrentarnos, ella no tendría ni la mas mínima instrucción de defensa, yo si, mientras tanto, podía estar encerrada, sin nada que hacer. Si en mis manos hubiera estado, hubiera hecho este hace ya mucho. –Tultonisos saco su varita con una sonrisa macabra–. Gereneida Mactoumus –dijo apuntando a Anne.

   Durante la milésima de segundo que basto para que el rayo la alcanzara por la cabeza de Anne pasaron muchas cosas. Pasaron buenos y malos pensamiento. Pasaron tristezas y alegrías…

   Paso el recuerdo de la voz que la llamaba y que había causado su primer ataque de pánico, creía reconocer en esa voz a la de Anne Tultonisos, paso por la mente de Anne que ese era la maldición asesina y maldijo a las personas que habían pronunciado la profecía fatídica que la marcaba como una enemiga de otra persona infinitamente mas capacitada en el arte de la defensa y con mas años de experiencia.

   Vio la cara de espanto de Vet y oyó su grito.

   –¡¡No!!

   También agradeció que Andrea y sus padres no estuvieran allí, pues de estar ellos allí no habrá soportado ver sus reacciones, también vio las caras de los secuaces de Tultonisos, algunas sonreían burlonas, otros tenían cara de expectación, otras mas tenían un mascara de impasibilidad como la de Tultonisos, una cara que no demostraba ninguna emoción, mas que odio.

   Anne lamento que la vida se le fuera a escapar tan rápido, ya que nunca había una segunda oportunidad para vivirla, lamento no poder vivir más experiencias y lamento también la tristeza que sentirían todas las personas a las que conocía y la querían.

   Se lamento por Andrea, Por su madre y su padre, por Deborah, por Anaid y Diana, por Annie, por Marion y Jessica, por Carrie y Leslie, por Jean y Jane, por su tía Susan y su tío Ralph, por su tía Tifany y su tío Rodolph, por Helen, por Liza, por Paulette, por Vet, por Renée, por Dana, por Ruth, por Wendy, por Will, por todas la personas a las que conocía y les dijo adiós internamente, aunque lo mas profundo de su corazón le dijo que los extrañaría demasiado, si es que había vida después de la muerte.

   Rogo por que hubiera un Mas Allá, rogo por conocer a su hermana Lizzete, aunque una voz interna le decía que era imposible.

   Vio de nuevo el rostro impasible de Tultonisos y creyó reconocer la mascara de dolor que le producía el renunciar a su hija, en sus rasgos vio a Vet, los mismo movimientos, las mismas caras.

   Luego vio el rayo que se le aproximaba hacia el pecho y cerro los ojos conjurando las cara de Will, a quien apreciaba como amigo y, tal vez, en un fututo, como algo más. Lamento no poder estar

   Luego, el rayo le dio de lleno en el pecho.

Capitulo 20: Secuestro

   –Ahora no, es muy avanzado, cuando estén unos grados por delate –había dicho Vet para poner punto y fin a eso, los meses pasaron y averiguaron mas cosas, ninguna demasiado interesante, fue entonces cuando comenzó Junio, los exámenes finales y las vacaciones se acercaban.

   Anne decidió subir temprano a acostarse, no imaginaba lo que pasaría esa noche, no imaginaba que eran tantas cosas las que cambiarían.

   –Despierte, despierte –una señora pelirroja zarandeaba a Anne.

   –¿Qué ocurre? ¿Quién es usted?

   –Soy de seguridad mágica, debe acompañarme Señorita Anne, ha ocurrido algo en el instituto.

   Anne la siguió por el pasillo, hasta una de las aulas vacías, la mujer abrió una trampilla.

   –¿Qué es eso?

   –Una salida de emergencia, rápido.

   Anne la siguió, no tan confiada, había simplemente escaleras por allí, no parecía que fueran a terminar nunca, al final, cuando Anne ya no soportaba las piernas, en la esquina se adivinaban dos siluetas.

   –Hola Petunia –saludo la mujer.

   –Hola prima ¿La has traído?

   –Si.

   –¿Conserva la varita?

   –No lo se.

   –¿Conservas la varita, niña? – pregunto la otra mujer, aun sumida en las sombras, lo hizo casi con fiereza, sin ningún tipo de amabilidad.

  Anne asintió levemente.

   –¿Qué rayos esperas para quítesela? ¿Esperas a que llegue Tul?

   Anne no comprendía nada de lo que decían.

   –Ya, se supone que no sabe nada… y tu lo has arruinado.

   Anne se había llevado la mano a la varita, no comprendió lo que la mujer pelirroja iba a hacer. La mujer se la arrebato de las manos.

   –No intentes escapar o estas muerta –le susurro–. Encárgate de ella ¿Has desmayado a la otra?

   –Si, me recordaba y no pude hacer nada mejor.

   La mujer arrastro a Anne con la otra mujer.

   –Vigílala, tengo que ir por la otra.

   Anne sabia que le estaba pasando algo grave, pero no intento escapar, pues sabia que no tenia ni la mas mínima posibilidad de lograrlo. Distinguió la otra figura mientras se acercaba.

   –¡Vet!

   –No la despertaras con ese grito –dijo la mujer pegándole en las mejillas.

   A Anne le dolió pero no se atrevió a replicar.

   Dormmindu –dijo la mujer y fue lo ultimo que Anne escucho.

   –Ya despierta –dijo una voz dulce, musical, pero a la vez vacía–. ¿Qué harás Tul?

   –Mantenerlas aquí –dijo otra voz, fría, dura – Ya basta, sabes bien que no escaparas, nunca debí dejar que fueras.

   –Pero lo hiciste ¿No? Me diste una oportunidad ¿Por qué lo hiciste? –contesto la voz de Vet.

   –No es de tu incumbencia –le respondió su madre, con voz helada.

   Anne abrió completamente lo ojos, una mujer pelirroja, que tenia la voz musical, la sujetaba. Anne reconoció a Padma Bernison sujetando a Vet y una mujer rubia, de ojos violeta, mirada helada y que parecía haber pasado por múltiples tragedias estaba enfrente de Vet.

   Era Tultonisos.

   –Porque, nos odiemos o no, eres mi hija, te guste o no.

   Vet bajo la mirada, Anne sabia que ella se había llevado bien con su madre hasta que entro al instituto, sabia que le quería, mas no soportaba las atrocidades que hacia. Para Vet lo que Tultonisos había dicho era un golpe bajo.

   –Ya ha despertado, Anne –dijo la mujer que sujetaba a Anne.

   Tultonisos se volvió y centro su mirada en Anne, su mirada era penetrante, pero llena de odio.

   –Vaya, vaya, la “Señorita” Garrew. No te pareces a tu madre, al menos no físicamente.

    Anne la miro con odio, luego alcanzo a ver la figura que llacía en brazos de Jack Belby. Era Andrea.

   –Suelte a mi hermana.

   –No querida, como veras, no me puedes pedir nada. – dijo Tultonisos y la mujer pelirroja salto un carcajada.

  Otro hombre entro en la habitación, era alto.

   –Anne…

   –¿Si John?

   –No crees que cuando descubran que tres alumnas desaparecieron a mitad de la noche, nos busquen, incluso podrían dar con el pasadizo.

   –La “profesora” Morag no conoce esto.

   –Solo era para advertirte.

   –Suelta a Andrea –dijo Vet, Tultonisos la miro–. ¿No tengo posición para pedirte algo? ¿No las hijas les piden cosas a las madres? Eres mi madre lo quieras o no.

   Tultonisos la miro.

   –¡Como te atreves!

   Avanzo hacia ella y le pego dos sonoros bofetones. Vet apretó los dientes, sin dejar que ninguna lagrima saliera de sus ojos. No las dejo ver el dolor que le había causado.

   –Llévenselas –indico Tultonisos.

   Las llevaron a un cuarto vacio, sin ventilación donde había tres camas, con algunas sabanas.

   –Lo siento Anne –dijo Vet cuando se hubieron marchado las personas que las llevaban, no debí contarles nada, no imagine que estarían vigilando.

   Anne no dijo nada, solo se abandono a la desesperación.

Capitulo 19: Reportaje

   Las vacaciones de Navidad terminaron el seis de Enero, el siete volvían a clases, a su rutina normal.

   –Hola –dijo una voz–, ¿podemos sentarnos aquí?

   Anne y Liza se volvieron, estaban sentadas en dos asientos contiguos, los de enfrente estaban vacios, Will y otro chico estaban esperando su respuesta. Liza parecía dispuesta a decirle que no, pero Anne asintió levemente. Antes de sentarse Will le susurro a Anne.

   –No le contado nada –Anne supo a que se refería, no lo había contado lo de la carta al chico con el que estaba.

   –¿Por qué los dejaste que se sentaran aquí? –le murmuró Liza al oído.

   –Es Will, William Grant. –Anne le había platicado a Liza todo eso el día de Nochebuena.

   –Supongo que no me he presentado. –Will se dirigió a Liza–: William Grant.

   –Liza Lowdin ¿Y quien eres tu? –le pregunto al otro chico, a quien no dejaba de mirar.

   –Adam, Adam Crocce. Tu eres Anne ¿No? –dijo mirado a la Anne.

   –Si –se limito a decir ella. ¿Will había puesto a todo el mundo al corriente de su existencia? Tal parecía.

   El resto del viaje no tuvo nada de especial, salvo por una larga conversación que mantuvieron los cuatro. Al final del viaje, cuando Will y Adam se hubieron perdido entre la multitud de estudiantes.

   –¿Por qué les permitiste que se sentaran? –le dijo Liza–. No hemos podido hablar de… ella.

   –Evito pensar –respondió Anne, y ciertamente lo hacia.

   Vet las esperaba en la entrada, solo Anne y su hermana sabían de la identidad de su madre.

   –Hola… – miro a Anne, algo en su rostro pareció alertarle y le dijo–: Deja ya de preocuparte, no creo que pase nada serio.

   –No estoy preocupada –murmuro Anne, mirando al suelo, pues Vet había descubierto lo que de verdad sentía.

   –¿Sabes algo? –sonrió Liza, burlona–. Mientes demasiado mal, nadie se creerá tus embustes ni en mil años.

   –No quiero pensar en eso.

   –Como quieras. No insistiré.

   La mayoría de los alumnos habían pasado la navidad en sus casas, así que el colegio estaba prácticamente vacio cuando llegaron. Se reunieron con Renée y Paulette en cuanto pudieron.

   –No le he sacado una palabra a mi madre –se quejo Renée–; parece un tumba y no ha parado de interrogarme.

   –Ahora no –dijo Liza.

   – Como quieran. De todas maneras no tengo información.

   –Yo si, mi madre no se ha callado –explico Anne–, pero ahora no.

   Las clases solo comenzaban hasta el lunes, aquel día era sábado y tenían todavía por delante un día libre, Anne evitaba pensar sobre Tultonisos, pues, por lo que había escuchado de ella, era una persona realmente sádica.

   –Buenos días, bella durmiente. –Paulette había entrado en su habitación, sin previo aviso–. Liza bajo a desayunar, Andrea se despertó hace poco y Vet anda con Roger, y además pasa de las diez de la mañana, vamos levántate.

   Anne se limito a gruñir debajo de las sabanas.

   –Vamos, hoy hace sol, algo raro en este estación y podemos bajar un al campo, Renée quiere probar su nueva escoba.

   –Sal, tengo que darme un baño.

   –Muy bien, nos vemos afuera.

   Anne se dio un baño y salió del dormitorio, Paulette aun seguía allí.

   –Creí que habías ido la sala.

   –No, no pensé que te tardaras tanto.

   –Lo siento.

   –No tienes porque disculparte, anda, vámonos que si no, no alcanzaras desayuno, y yo tampoco. Liza bajo hace como media hora, seguramente ya habrá acabado.

   En el comedor se les unió Andrea, Paulette comió deprisa y se marcho argumentando que tenía cosas importantes que hacer.

   –¿Sabes Anne? –dijo ella cuando Paulette las dejo solas–. Pienso en Ángel Devil y en Robert Misdic, están en mi curso, Clara y yo hablamos algunas veces con ellos, mas el año pasado, y ellos son muy buenos amigos, ambos están en Lindiane, no me cabe en la cabeza por lo que sus familias pasaron.

   –Hola chicas – Vet se había situado detrás de ellas, traía un periódico viejo en la mano.

   –Siempre apareces de la nada –se quejó Anne.

   –Tengan –dijo ella tendiéndoles el periódico viejo que traía– hay un reportaje de Ángela Turner, sobre ella. El periódico viene fechado del 1º de junio de 2001.

   A Andrea se le ilumino el rostro.

   –Puede ser el reportaje del que nos hablo mamá.

   Anne lo busco, era un reportaje bastante largo, y venia acompañado de una fotografía de una muchacha de unos diecinueve años, era idéntica a Vet, pelo rubio, ojos violeta, de piel un poco pálida, una sonrisa radiante, de dientes perfectos y pelo en ondas.

    –Les presento a mi madre, después de haberme tenido –dijo Vet.

    –Es guapa, lastima que sea Tultonisos.

    –Ja, ja –rió Vet sin alegríua–. Mejor lean.

   Ambas empezaron a leer.

ANNE TULTONISOS

   Quienes coincidieron con ella en el instituto, le recuerdan. Ella era una chica alborotadora y problemática, siempre acompañada de sus dos amigas incondicionales, Padma Bernison y Sally Fredman, pero nadie sabía que se convertiría en lo que es en este momento.

   “Recuerdo que coincidí con ella en el instituto” nos revela Celia Johnson, una estudiante de Grinlisvian “No nos llevábamos bien, pues yo no estaba en Sharodde, al principio era graciosa y siempre estaba rodeada de un grupo de personas, poco después aparecía en donde no debía y se decía que era alborotadora, pero algunas de sus técnicas eran sádicas”

   Ella, Padma, Jack Belby, quien es su pareja, Sally y John Rocherfort, que se casaron en cuanto alcanzaron la mayoría de edad, nunca pisaron el Instituto Gareas para cursar el decimo curso.

   En escasas semanas amaron un ejercito, nadie sabe con que propósito, y se levantaron en armas, sus primeros ataques no pasaron de ser sustos, incendios provocados, desapariciones, pero poco a poco las cosas se han ido agravando.

   Amelia Cooper, la hija del Gobernador mágico se ofreció a dar una entrevista a algunos reporteros, cuando la tragedia no había hecho más que empezar, ella dijo: “Un puñado de personas jóvenes no supondrían un problema, pero en este caso, la cosa se esta agravando, mucha gente esta asustada y no hay quien pueda parar esto. ¿Qué esta pasando? La gente no sabe, Anne Tultonisos actúa de manera eficaz, nadie lo puede negar, pero se dedica a destruir a la humanidad.”

   Hay que hacer notar que los towards han sufrido muy pocos daños de parte de Tultonisos, eso es llamativo, si en la época antigua alguien se declaraba en guerra, nunca se detenía, mataba magos y towards por igual.

   Hace poco tiempo ocurrió la desaparición y muerte del esposo de una de mis amigas, Ángel Devil, el se encontraba fuera, después del trabajo y no volvió a casa ese día, no se sabe por quien fue secuestrado, pero se sabe que fue obra de Tultonisos, porque su signo, una mujer con una varita y un cetro, apareció en casa de los Devil a la mañana siguiente.

   También esta el asunto de lo Garrew, James y Sophie Garrew, junto con su hija, Andrea, desaparecieron de la faz de la tierra hace pocos meses, huyendo de Tultonisos, pues ella los considera un gran botín. James empezó a ser perseguido cuando el julio pasado desenmascaro a Tultonisos, que estaba obrando en secreto.

  Ralph y Susan Garrew están protegidos de manera que es imposible entrar a su casa, pero algo puede suceder, hasta los magos mas competentes fracasan ante Tultonisos, por ejemplo, el mago anciano que apareció muerto en las afueras de la Ciudad. Era el cadáver de un mago del gobierno que había recibido arduos años de capacitación, pero fue vencido por personas más jóvenes y de menor capacitación.

   Por las personas que más se teme en estos momentos son por los niños, ante su imposibilidad de defenderse, muchas veces, cuando los padres haces algo contra Tultonisos o están enemistado s con ella desde antes, como es el caso de Sophie Asset Garrew, cuya enemistad con Anne Tultonisos viene desde la adolescencia, cuando ambas estaba en el Instituto.

   “Yo coincidí con Sophie Asset” dice Lauren Devil “Éramos excelentes amigas, pero nunca faltaban las personas que solo sabían molestar, una de ellas era Tultonisos, que siempre molestaba a James en la primera oportunidad, Sophie no lo soportaba y siempre peleaban.”

   James es el actual marido de Sophie, con quien tienen una hija. Hace pocos meses, antes de que toda la familia desapareciera, Sophie me pidió que no diera más datos sobre ella, fue en una visita personal y estaba nerviosa, dos semanas después, desapareció toda la familia, incluso James dejo de ir a trabajar por ese entonces, hasta que estuvieran fuera de peligro.

   Fue también por ese entonces que fueron secuestradas las señoritas Konin, dos hermanas jóvenes, las liberaron dos o tres semanas después del incidente, pero me atrevo a pensar que esto las marcara de por vida.

   La familia Lowdin tampoco esta exenta de peligro, pues fue a una de las primeras familias que Tultonisos empezó a perseguir, nadie sabe porque, pues ellos casi no coincidieron con Tultonisos, nadie sabe las razones, pero se cree que Harvey Lyn esta resentido con la Señora Lowdin, por razones personales, Harvey es secuas de Tultonisos, al igual que su hermana Petunia y su prima Jane.

   Y hay muchos mas secuaces de ella de los que ni siquiera tenemos conocimiento, esto aumenta el peligro, pues alguien que se hace pasar por amigo, puede ser un mortal enemigo, la gente se ha vuelto mas paranoica es esos meses y no sin razón.

   Todos temen por su vida y la de sus amigos, pero algunos tienen la esperanza de que esto se acabe algún día y no haya mas peligro.

   –Trae bastante información –dijo Vet–; intente investigar sobre ella, esto fue lo mejor que encontré.

   –¿Qué sabes de la magia salida de ninguna parte? – pregunto Anne

   –No mucho –respondió Vet–. Mi madre casi nunca la practico, cuando yo era mayor, salvo cuando capturaron a Padma, se desahogo haciendo eso, en lo más profundo de la selva del Amazonas, para que las autoridades mágicas no se enteraran.

   –¿Que mas? –insistió Anne.

   –Se el hechizo y el contra-hechizo, nunca lo he usado, más que la ves pasada, pero porque casi no había nadie, el punto es que me salió mal y no sirvió. Además usarlo significaría decir quienes son mis padres.

   –Tendrás que ensañárnoslo –decreto Andrea–. Por favor Vet.

Capitulo 18: Cumpleaños

   Anne se despertó temprano esa mañana, sí, ya tenía doce años, pero no era nada especial, nada de importancia, lo que les había contado su madre si lo era.

   Su madre les había contado muchas historias del pasado, pero todas tenían algo en común, eran de aquel año de pesadillas de Tultonisos.

   –¡Anne! –grito Annie–. Despertaste ¡Felicidades!... Oye a ti te pasa algo, pareces zombi desde ayer.

   –No es nada.

   –Bueno, si eso dices, ¡Felicidades! Vamos, ahí que bajar, sino el comedor se va abarrotar.

   Y era cierto, aunque las primas de Anne vivían en una casa muy grande, de tres pisos y habitaciones grandísimas, no evitaba que se llenara todo. Solo Deborah se había levantado estaba con Peter en la cocina, preparando café y…

  –¡Guácala!, no te recomiendo que entres con esos de allí, están locos. – dijo Annie después de haber entrado por pan a la cocina.

  –Supongo.

  La cocina no tardo en llenarse.

  –Anne, ¿Y el chico de ayer? –Anaid y Diana no paraban de molestarle con la misma pregunta.

   –¿Qué chico? – pregunto James Garrew.

   –Uno, que conocí en el pueblo, se llama William Grant –contesto Anne evasivamente.

   –Si, el nieto de la chiflada que monta los desastres.

   –¡Diana! –la regaño su madre

   –Oh, pero es la verdad, a mi me late que esa anciana si que esta chiflada.

   –Perdió a su hijo hace seis años.

   –Si, pero eso no es para volverse loca.

   –Tal vez no lo ha superado –propuso Deborah.

   –Pera ya ha pasado mucho tiempo. –Anaid volvió a la carga–. Seis años es mucho. Demasiado.

   –Para algunas personas no.

   –Pero esa anciana ya estaba chiflada desde antes –dijo Diana esta vez.

   –Si –esta vez fue Anaid–; como cuando cumplimos los cuatro años, armo un relajo.

Y su hijo aun vivía.  – argumento cuando vio que su madre se apresuraba a rebatir eso.

   –¡Basta ya! –regaño Susan Garrew

   –Bueno Anne, –Anaid volvió al ataque– y ¿Que paso…?

   –¿…con el chico ese? –completo Diana.

   –Se llama Will –aclaro Anne

   –Bueno, querida, ¿Cómo lo conociste? –interrumpió Annie–. Queremos saberlo. Puedes ahorrarte los detalles morbosos –añadió, riendo.

   –En el pueblo, andaba por allí, y me saludo. –Anne no entro en detalles, no debían saber que lo había conocido en el cementerio local o le preguntarían que estaba haciendo allí.

   –Bueno… estaba bastante mono –apunto Deborah–, por lo menos si por la detallada descripción que me dio Diana. –Sonrió.

   Anne la fulmino con la mirada.

   –Oh, no hace falta que te molestes, no diré nada mas.

    –Tía, quería invitarlo para que comiera con nosotros hoy, como es mi cumpleaños… –dijo Anne, recordado la invitación que le había hecho a Will –pero las gemelas, –señalo a Anaid y Diana–, me interrumpieron.

   –Si, puede venir –dijo Susan–, mejor ve a su casa, conociendo a la mujer no lo dejara salir si no vas por allí.

   –Esta bien –contesto Anne–. Después del desayuno iré.

   Anne se dio un baño y salió al pueblo, buscando la dirección que le había dado su tía, no le costo trabajo encontrara la casa, se veía antigua, y un poco descuidada, llamo al timbre que estaba alado de la puerta de madera, las paredes pintadas de lo que algún día había sido amarillo ahora estaban descoloridas por el sol que hacia allí en verano.

   William apareció en el umbral al cabo de unos minutos. Al ver a Anne una sonrisa se le dibujo en el rostro.

   – Hola – dijo – me temo que tendrás que convencer a mi abuela de que me deje ir. No esta de buen humor, pasa. – Le cedió el paso a Anne.

   El interior de la casa también era un tanto descuidado, no había telarañas, ni insectos, pero las paredes estaban descoloridas y manchadas en algunos lugares. Al fondo de la cocina, sobre una silla estaba una anciana de cabellos blancos sentada. Vigilaba un tejido mientras las agujas se movían por si mismas.

   –¿Quién es, William? –pregunto ella.

   –Anne Garrew, la chica de la que te hable ayer.

   –Buenos días señora….

   –Señora Grant, llámame así –la anciana tenia una voz estridente y chillona–. Así que invitaste a mi nieto a comer a tu casa.

   Eso no era una pregunta, solo una afirmación.

   –Si –contesto Anne.

   –Bueno, entonces que esperan, ya están afuera de la casa –dijo la ancianita estridentemente.

   Anne y Will Salieron de la casa.

   –Creí que no te dejaba ir.

   –Pues yo también, mi abuela esta demasiado rara hoy.

   –Vamos a casa de mi tía, hace un frio infernal aquí.

   En la casa Helen estaba en el patio delantero con un cuaderno y un lápiz en la mano, estaba dibujando.

   – ¡Hola Anne! ¿Quién es? – dijo señalando a Will.

   –El no es “ese” es “Will” – ijo Anne –; es mi prima Helen –luego en un susurro le dijo a Will–: la peor prima que puedo tener.

   Will rio disimuladamente.

   La mañana en la casa era bastante bulliciosa, Jean y Jane habían adornado la sala con globos, infantiles, para gusto de Anne, su tía Susan y su madre estaban en la cocina intentando hornear un pastel, Tía Tifany estaba vigilaba a las gemelas Carrie y Leslie y a Helen. Anaid y Diana habían acribillado a Will con preguntas sobre su abuela, Deborah estaba con Peter en la sala de estar, Rodolph y Ralph estaban en el jardín, intentando escapar del bullicio del la casa, mientras que James Garrew había salido por la mañana al pueblo, había dicho que volvería a la hora de la comida. Annie estaba con Anne y con Will en un rincón de la sala de estar de la casa.

   –Cuanto me encantaría ir al Instituto –dijo Annie.

   –Con ese colegio que tienes… te comprendo –dijo Anne.

   –Miren eso, una lechuza, y a plena luz del día es extraño.  –Will señalaba a la ventana, donde se adivinaba una mancha de color marrón que surcaba el cielo en dirección a la casa.

   La lechuza entro por la ventana abierta y se dirigió a Anne, el sobre no tenía mas que el nombre de Anne escrito en el sobre. Ella la había sin perder tiempo y se encontró son una carta sorprendentemente larga

   –Es de Vet –anuncio ella.

   –¿Quién es ella? –pregunto Will

   –Va en cuarto, es una amiga mía.

Querida Anne:

   Hace poco la Magia salida de ninguna parte azoto de nuevo al instituto, aun estoy en la enfermería, puesto que recibí un impacto bastante fuerte, la voz de ella sonó de nuevo, mas furiosa que nunca, buscan a mas personas, pero me parece que encontrarlas no les es fácil, puesto que la voz de el, Jack, sonaba furiosa también y no creo que el no tenerte en sus garras le ponga en ese humor, se que su pasión fue crear un ejercito mas grande a cada día, por lo poco que le recuerdo.

   Intente averiguar en la biblioteca y vi los crímenes que se cometieron cuando mi madre tenía veinte años, nunca me había dado cuenta de lo atroces que son.

   Se que tienes una prima mucho mayor, que ya es mayor de edad, podrías preguntarle acerca de eso a ella, solo si promete guardar el secreto de lo que le digas, se que no siguen espiando, tan solo ocasionalmente.

   Te preguntaras si he estado sola, la respuesta es no, aunque mi única compañía sea un chico de Lindiane llamado Roger, he averiguado demasiadas cosas, cosas que no pondré en las cartas.

   Le enviado una carta a Renée también, pero no he podido hacerlo a Paulette porque vive en la ciudad y una lechuza durante el día seria algo extraño, y tengo entendido que los Lowdin irán a pasar la navidad con los Garrew, así que puedes informar a Liza de esto.

   El Instituto no es seguro mientras Tultonisos este suelta, y mientras tú estés aquí, eso la gente no lo sabe, pero deberías hablar con la directora, para informarle, eso es decisión tuya.

   Se que la Magia Salida de Ninguna Parte azotara el Instituto en otro momento, pero no ahora, cuando vuelvas, intenta investigar en ese libro de mitología que tienes como combatir la magia de ninguna parte, porque cuando vuelvas aquí se que ella atacara de nuevo, ahora no lo hace porque no sabe donde estas, pero lo haría si pudiera, y también para no levantar tantas sospechas de que se refiere a ti, si no la sociedad mágica te protegería mas, pero mientras la gente no lo sepa, no estarán seguros de a quien busca.

   Cuídate

Vet

   –¿Qué es todo esto? –dijo Annie finalmente.

   –Tultonisos… Tultonisos… –Anne casi no se dio cuenta de que murmuraba ese nombre.

   –¿A eso se refería? –dijo Will–. Cuando lo de los chillidos y las explosiones. ¿A eso se refería? –insisto el.

   –Annie, no digas nada de esto que leíste, se que no lo entiendes, pero lo explicare después, Will, te lo explicare después.

   El resto de la mañana fue tensa para Anne, tenía que fingirse feliz ante los demás, pero estaba con la mente vagando en otro lado lejos de la casa. Will la miraba, atento a cada expresión que ponía, seguramente intentando descifrar su mirada.

   –Tienes miedo –dijo en cierto momento–, se te nota en la cara, en los ojos.

   –Si, Will, tengo miedo, no sabes porque, y no se si debo contártelo –respondió ella, su instinto le decía que le contara todo lo que sucedía a Will, pero una vocecilla dentro de ella le aconsejaba de que no era conveniente implicar a nadie mas en todo el asunto.

   A la hora de la comida todo el mundo se sentó frente a la mesa, y felicitaron a Anne, también le dieron sus regalos, de parte de Deborah y Peter venía un perfume, de Anaid y Diana un abrigo largo de color gris oscuro, de Tía Susan y Ralph venia una boina a juego con el abrigo de las gemelas, de sus padres y su hermana una cámara fotográfica, de Annie y de Marion y Jessica, una playera estampada, de Carrie, Leslie, Jean y Jane un oso de peluche, la verdad es que Anne coleccionaba peluches y le gustaba tener de todo tipo, Will le regalo un collar de cuentas rojas.

   –Creí que se te vería bien, negro con rojo  –dijo cuando se lo dio.

   El de Helen y sus tíos, era otro peluche, al parecer toda la familia estaba enterada de la debilidad de Anne hacia estos.

   El pastel que le había preparado su tía no tenía nada de especial ni sofisticado, ella y su madre no eran excelentes cocineras.

   Después de la comida y que toda la gente se disperso Will se acerco al ella.

   –¿Me lo contaras? –pregunto, Anne sabía a lo que se refería, en ese momento pensó que no debería de haber abierto la carta enfrente de el.

   –No lo se  murmuro.

   –Mira Anne. –Will le había agarrado las dos manos y la miraba a los ojos–. Se que te acabo de conocer y que casi no sabemos nada el uno del otro, pero se que me preocupas, y no me gusta que la gente se sienta afligida. Recuerda que si quieres desahogarte un rato, estaré esperándote. –La beso en la mejilla y se dio la vuelta–. Nos vemos en el instituto –murmuro sin darse la vuelta, después se fue.

Capitulo 17: La verdad

   La cocina se había quedado en silencio después de que Anne menciono el nombre de Lizzete.

   –Sabía que este momento llegaría, pero no tan pronto –murmuro la madre de Anne, mirando a las dos muchachas–. Tendremos que hablar de ello con tu hermana también. Ve a buscarla y dile todo lo que sabes o lo que sospechas.

   Poner a su hermana al corriente no había sido difícil, Anne le explico lo que creía y lo que había averiguado, Andrea la escuchaba en silencio, cada vez mas sorprendida.

   –Bien, fue su padre quien decidió que le ocultáramos la existencia de su hermana. Porque si se los decíamos preguntaran porque ella había muerto, y nosotros no queríamos que averiguaran lo de Tultonisos y ¿Ya saben que ataco la casa?

   –Si, en el instituto lo mencionan mucho –contesto Andrea.

   –Si, supuse que cuando tú entraras al Instituto vendrían los problemas. Bueno, no queríamos que supieran lo de Tultonisos, no seria fácil para ustedes aceptar que ella nos perseguía, pero entonces ella desapareció, con lo cual no hubo necesidad, ni de contarles nada, ni de asustarlas, así que nos callamos.

   –Pero ella volvió. – apunto Anne.

   –Si, eso y que todos están juntos de nuevo. Ella era menor que yo en el Instituto, pero a tu padre le atacaban cada que el se distraía, y a el no le gustaba, siempre han sido de ese temperamento.

   –Vaya.

   –Se corrió un rumor de que enfermo gravemente cuando estaba en séptimo…

   –No se enfermó –aclaro Anne–; se embarazó.

   –¿Cómo lo sabes? –pregunto la madre de Anne.

   –Su hija, es una Hallow de catorce años, se llama Vet Belby.

   –¿Hallow?

   –Si, es la última Dune.

   –¿Dune? No creí que de verdad existiera esa raza, o estirpe de mujeres maléficas. Bueno, sigamos con su hermana, sus primas no saben nada, solo Deborah, las primeras gemelas y Annie estaban vivas, y no eran mayores. Estábamos incomunicados, así que no se lo dijimos a nadie, ni siquiera a la única persona a la que le escribíamos, la tía Cissy.

   »Tultonisos ataco la casa en junio, o julio. Yo iba a teletransportarme a un lugar seguro, cuando ella me alcanzo en el patio trasero y me envió una maldición asesina, rozo a su hermana y esta murió poco después. Supimos que esa misma noche, después de que se disparar la alarma de la casa fueron capturadas casi todas las personas de su ejército. Ella logro escapar, teletransportarse no es hacer cualquier cosa, y ella era de las únicas que sabia hacerlo en el ejército, huyo de allí con la persona que tenía más cerca: Padma Bernison.

   »Dicen que intento salvar a Jack Belby, pero solo logro salvar a seis hombres mas, fue la caza mas productiva de la historia de la magia. Y también la fuga más exitosa, cuando los libero a todos.

   –Vaya –comento Anne, tan solo por decir algo, pero en realidad estaba pensando en otra cosa, estaba intentado recrear las escenas que le había descrito su madre.

   –¿Cuánto duro la época de Tultonisos? – pregunto Andrea.

   –Solo un año, el de Anne Tultonisos. Pero esa década había un nombre detrás de todas las tragedias, Rose Tultonisos, era su madre, que antes se apellidaba Connon, tu abuela la conoció personalmente, nunca ninguna otra mujer de su estirpe, aparte de la misma Dune o su hija Ariadna, si es verdad que descienden de ella, causo tanta destrucción. Pero lo Tultonisos fue en tan solo un año. Aniquilo a todo la familia Roselle, dejando solo a Catherine Roselle viva, ella acababa de embarazarse por ese entonces y casi nueve meses después de la captura del ejercito dio a luz a lo que seria el heredero de esa familia, Philippe Roselle, ira al Instituto el próximo año.

   –Cuéntanos más –pidió Anne

   –Personas desaparecían, y nunca mas se les volvía a ver, se encontraron los cadáveres de unas cuantas, fue así como nos empezó a perseguir, tu padre logro liberar a un prisionero. El en ese entonces trabajaba como Policía Mágico, aun no lo habían ascendido a detective, recuerdo que ese día me dijo que harían algo peligroso, Andrea acababa de nacer y yo aun no me embarazaba.

   »Le dije que no fuera, que su vida peligraba, pero no me hizo caso, Tultonisos aun no estaba en todo su apogeo y la pesadilla solo había empezado. Recuerdo que regreso y me dijo que la responsable era ella, y se lo dijo a los demás, pero ella sabia quien era el y nos empezó a perseguir.

   »Recuerdo también cuando desapareció Ángela Turner, era muy amiga mía en el Instituto, ella tenia mi misma edad, y fue cuando salió del instituto que conoció a Dan Misdic, que era tres años mayor que ella, se casaron y tuvieron a un niño, fue tan solo a las semanas de nacido que Ángela publico un reportaje sobre Tultonisos, desapareció a la semana y nadie le volvió a ver nunca mas. Dan se encargo del niño y a la fecha, aun vive solo.

   –¡Que horror! –exclamo Andrea.

   –Todo lo que ocurrió en esa época fue horrible, fue un año de pesadillas interminables y desgracias –Sophie Garrew miraba a Anne, principalmente–. Ahora saben porque no le conté nada, y menos a una edad tan temprana.

   –¿Paso algo mas? –pregunto Anne, curiosa.

   –¿Alguna vez conocieron Lauren Devil? –Las chicas solo asintieron, Lauren Devil fue amiga intima de su madre en el instituto.

   –¿Qué le ocurrió? –preguntó Andrea.

   –Lauren Crombs contrajo matrimonio con Ángel Devil justo después de haber salido del Instituto, apenas un año, los Devil eran una familia un poco conocida, pero con algo de prestigio. Lauren tuvo a su hijo, Ángel Devil II, un año antes de que naciera Andrea. Poco después Ángel Devil I, fue secuestrado, encontraron su cadáver poco después. Lauren estuvo de luto mucho tiempo, se negó a volver a utilizar su apellido, Crombs, y ahora se hace cargo de su hijo.

   –Las cosas era completamente horribles –afirmo Andrea

   –También sangrientas –agrego Sophie Garrew

   Anne la miro boquiabierta.

   –¿Sangrientas? – pregunto.

   –Si –le dijo su madre–. Muchas veces torturaban a las victimas para obtener información, sobre el paradero de algunas personas.

   –Horrible

Capitulo 16: Momentos Olvidados

   En la sala principal de “La cueva” se encontraban Tultonisos, junto con Sally, estaban sentadas en un rincón de la estancia, esperando como cada tarde la llegada de Padma, que ahora simplemente espiaba a Vet.

   –¿Como se llamara? –pregunto Tul.

   –Aun no lo se, me gustaría que se llamara Avram, como mi padre.

   –Bonito nombre.

   –Pero a John no le gusta.

   –¿De verdad?

   –Si, no se como le hiciste para convencer a Jack de que le pusiera a tu hija ese nombre tan simple, a el siempre le gustaron los mas complicados.

   –Ya va siendo hora de que lo sepas. –Tul saco su varita–: Menthe aride. –menciono, y como tantas otras veces apareció un recuerdo.

    –La niña esta bien –dijo la voz de una enfermera mientras entraba al cuarto, donde estaba la madre y la muchacha de diecisiete años que tan solo hacia unas horas había dado a luz a una criatura.

   –Bien, ¿nos puede dejar solas un momento? –dijo la mujer mayor con voz autoritaria y la enfermera salió–. Llamare al instituto, para que le den un permiso… ¿Cómo dices que se llama el padre de la niña?

   –Jack Belby.

   –Bien, para que le den un permiso, para que conozca a su hija.

   –No lo dejaran salir.

   –Inventare cualquier excusa. En el Instituto piensan que estas enferma.

   La madre salió dejando sola a la chica, que recordó de golpe todo, el dolor del parto, los últimos meses y aun se preguntaba, ¿Cómo rayos había quedado embarazada? Aun no lo sabía. Se quedo dormida después de poco tiempo, se despertó tiempo después. Y escucho voces afuera, pertenecían a su madre y Jack.

   –Nació bien, es una chica –dijo su madre–. Vaya, te has desilusionado.

   –Me hubiera gustado que fuera un chico –dijo Jack.

   –¿Anne no te lo ha dicho?

   ¿Qué me debería decir?

   –Es una mujer Dune.

   –Creo que lo menciono, en la discusión que tuvimos en Octubre, pero no estaba poniendo atención.

   –Creo que se llamara Vet.

   –¿Vet? Pero es un nombre tan simple…

   –Quien elije el nombre soy yo y no tu, jovencito.

   –Creí que eran los padres

   –Vamos a ver a Anne –dijo únicamente la madre y entro en el cuarto, seguida de Jack.

   –¡Jack! –dijo Tul alegremente cuando Jack entro en el cuarto. Si, estaba feliz de verlo.

   –Hola Anne –saludo el–; no parece que estés muy bien.

   –Dolió, bastante.

   –Tal vez sea eso.

   –Querida –dijo la madre–, le estaba diciendo a Jack que la niña se llamara Vet.

   –Lo oí, pero el nombre no me gusta tanto, muy corto, y como dijo Jack, demasiado simple.

   –Se llamara así, no me importa lo mucho que no les guste el nombre.

   –Como vez, yo no lo elegí, mi madre lo hizo. – dijo Tul de nuevo en “La cueva”

   –Ya encontrare una manera de convencer a John de que el niño se llamara Avram, es un nombre muy bonito.

   –Encantador.

   –¿Recuerdas cuando nos dijiste que estabas embarazada?

   –Como si fuera el día de ayer.

   –Siempre te han gustado los recuerdos, sobre todo si sacas algo de ellos.

   –Si… –Tul parecía estar pensando en algo–. ¿Recuerdas a Sophie Asset?

   –¿Cuándo se las ingenió para que nos castigaran dos fines de semana?

   Menthe aride

   Tres chicas caminaban por un pasillo del Instituto, parecía que estaban buscando a alguna persona, las tres muchachas, pertenecientes a Sharodde de pies a cabeza. Eran Anne Tultonisos, una alumna bastante reconocida por ser alborotadora, arrogante y presumida, acompañada por sus dos amigas incondicionales; Padma Bernison, hija de padres que no gozaban de muy buena reputación en el mundo mágico, pero que sin embargo tenían bastante riqueza, no era una chica demasiado agraciada, con su cabello castaño claro, un poco dorado y sus ojo oscuros; y la otra chica era Sally Fredman, que provenía de una buena familia, que sin embargo no poseía tanta riqueza como las otras dos chicas, sus padres esperaban que se casara con un hombre rico y bien posicionado, el candidato ideal era John Rocherfort, el novio de la chica que venia de una familia rica que tal vez diera el próximo gobernador para el mundo de la magia.

   Finalmente las chicas encontraron lo que buscaban, un chico desgarbado, de octavo grado, de cabello oscuro, muy alto y de la casa Hallow, era James Garrew, a quien Tul consideraba un blanco para practicar hechizos, siempre estaba distraído.

   –¿Cuál hechizo hoy? –pregunto Sally en voz baja

   –El Saltorun sea –respondió Anne.

   –Divertido –comento Padma.

   –Si, hay que esperar a que Garrew este distraído, esto será divertido.

   –Bastante –corroboro Sally

   –Bueno, ¿Quién empieza? –pregunto Anne.

   –Yo –se ofreció Padma–, tu lo remataras con un hechizo de la risa.

   –¿Y yo? –pregunto Sally.

   –Un Hechizo de silencio, para que no se oigan sus carcajadas.

   –Divertido –comento Sally–, muy divertido.

   –Vale, ahora, Garrew se ha distraído.

   James Garrew era un chico que provenía de una familia bastante conocida, que sin embargo no poseía demasiados bienes, su familia era conocida por descender de la Hallow, aunque no directamente, el chico era conocido por ser distraído y algo torpe, además de su noviazgo con Sophie Asset, una chica bastante popular y bien parecida que pertenecía a la misma casa.

   Padma levanto la varita y murmuro el conjuro en dirección a James Garrew.

   Saltorun Sea –murmuro, el efecto fue inmediato, James Garrew empezó a saltar sin ningún control.

   –Rápido, el hechizo de silencio –dijo Anne.

  Sally saco la varita y susurro el conjuro.

   Silenci dentam –dejo de oírse cualquier sonido que proviniera de James Garrew.

   La última fue Tul.

   Renire riseri –murmuro y James Garrew empezó a ahogarse por la risa, una risa que no sonaba.

   No las había visto, James Garrew ni siquiera se había fijado en ellas. Tal vez si, por los tres hechizos que lo golpearon, solo ese trío era capaz de molestarlo, y encontrarlo cuando estaba distraído, Anne, Padma y Sally estaban desternillándose de la risa, por eso no oyeron los pasos que se acercaban, pero aparecieron por el otro lado del pasillo Sophie Asset, Tifany Garrew, Lauren Crombs y Ángela Turner, amigas incondicionales. En cuanto vieron a James se sobresaltaron.

   –Solo tres personas pudieron hacer esto, Tultonisos, Bernison y Fredman –dijo Sophie.

   –Y todavía están aquí –dijo Lauren descubriéndolas.